A mí el cine de Guillermo del Toro se me atora en el cuajo. Demasiada miel y no suficiente historia. Siempre hay una escena gore para justificar su fama de fan de los monstruos y crea grandes personajes visualmente hablando.

Y comete errores de estudiante de cine en sus películas. Me explico: sus personajes, por más impresionantes que se vean, actúan como idiotas. Recuerdo, por ejemplo, que hice muchos corajes en El laberinto del Fauno, cuando en una secuencia nos muestran que la niña protagonista vive en un verdadero búnker y de pronto, porque le conviene a Del Toro, la nena puede salir del lugar como si no hubiera vigilancia alguna.

Grrrr, Del Toro, me haces enojar. Siempre he pensado que no eres un director, sino un diseñador de arte. No deberías escribir tú mismo tus guiones porque siempre la cagas.

Lo que nos lleva a la cinta en cuestión. The Shape of Water, o La forma del agua la nueva aventura del gordito jalisquillo. Es la zona cómoda de Del Toro, un cruce de historia de amor con la historia de un monstruo.

Primero lo primero: así que creo que Del Toro la regó. Sus personajes, otra vez, son bloques. No tienen vuelta ni matices. Michael Shannon, el villano, es eso: un villano ñaca ñaca, capaz de todas las fechorías, desde golpear a un ser inocente hasta amenazar con violar a nuestra protagonista. Pobre Shannon, tan buen actor y ahora los directores lo quieren dejar encasillado en su papel de Boardwalk Empire.

Son los años 60. Sally Hawkins es Eliza, una joven muda que trabaja limpiando unas instalaciones top secret del gobierno de Estados Unidos. Con ella trabaja la siempre magnífica Octavia Spencer, quien a pesar de estar actuando un estereotipo hace un gran trabajo como alivio cómico.

Un día, al sitio llega una criatura fabulosa que, por una razón que nunca nos explican, el gobierno estadounidense quiere usa para ganar la carrera espacial y armamentista. La criatura es magnífica, como suelen ser las de Del Toro. Es un bellísimo monstruo de la laguna.

Ésta es otra versión de La Bella y la Bestia, sólo que en este caso ambos son bellos.

Entre el monstruo y la protagonista va naciendo una amistad que se convierte en amor. Ella le deja huevos duros y él (es un él), se los come. Sobre todo lo que importa es que ella no le tiene miedo. Amor entre freaks.

La cinta está bien hecha, salvo por los detalles que al menos a mí me parecen errores. Hay una subtrama interesante con Richard Jenkins, un artista que hace ilustraciones publicitarias en una época en la que la locura por los comerciales con fotos y para televisión ha arrasado con la industria. Él y Eliza son una conjunción de soledades y ambos se echarán el tiro de su vida: retar al gobierno de los Estados Unidos.

Me gustó The Shape of Water. Sigo creyendo que Del Toro es mal narrador pero nadie me hace caso. Bueno, está bien que no me pelen, porque es posible que ésta sea su mejor película a la fecha. Ha ido mejorando, Del Toro. La Cumbre Escarlata tenía varios aciertos y The Shape of Water es la evolución de esos aciertos.

Yo no sé si Del Toro llegue a ganar un Óscar, tema de mucho debate allá en el Festival Internacional de Cine de Morelia. Yo no le daría la estatuilla por esta cinta. Miren, está buena pero no es para tanto. Es una película cuadrada, con una trama poco original. El final es un cliché de los peores. Y de todos modos se llevó el León de Oro de Berlín.

Pero, bueno, olviden a esta crítica amargada y vean la película con su amor del momento. Dense unos picoretes. Todo fuera como eso, como dice Cecilia Kühne.

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ConcepciónMoreno

Columnista y Reportera

Garage Picasso