¿Cuántas embajadas mexicanas tendrían que cerrar bajo el escenario distópico en el que ningún funcionario del gobierno federal podrá ganar más de 108,000 pesos (sueldo del presidente López Obrador a partir del 1 de diciembre)?

¿Cuántos embajadores verán afectadas sus arterias coronarias después de comer en McDonald’s durante cinco veces a la semana para ajustar su sueldo al nivel de vida del país en el que se encuentran?

¿Cuántos embajadores solicitarán permiso a la Secretaría de la Función Pública para desempeñarse como choferes de Uber durante sus horas de ocio con el único objetivo de poder pagar las colegiaturas de sus hijos?

Las preguntas no forman parte de un guion telenovelero, son escenas que pasan por la mente de diplomáticos de carrera a tan sólo dos meses de que López Obrador despache en Palacio Nacional.

Vivir en Japón

El determinismo está en las dos caras de una misma moneda. Las condiciones sociales para estudiar en Helsinki son abismalmente diferentes a las que ofrece Buyumbura; despachar como embajador mexicano en la avenida Julio Patiño número 834 en La Paz, Bolivia, en términos económicos, es muy diferente a hacerlo en 2 Chome-15-1 Nagatacho Chiyoda, en Tokio, Japón.

En efecto, Bolivia y Japón se encuentran en los extremos de los tabuladores de sueldo de la Secretaría de Relaciones Exteriores. El embajador que despacha en La Paz gana 162,688 pesos (8,607.87 dólares), y el que lo hacen en Tokio: 299,167 pesos (15,828 dólares).

De presentarse el escenario distópico, el embajador que vive en La Paz verá una reducción de su sueldo mensual en 54,688 pesos; el que lo hace en Japón: 191,167 pesos.

En la actualidad sólo tres embajadores ganan más de 270,000 pesos, sueldo mensual del presidente Peña Nieto.

Bolivia es de los pocos países del mundo en los que McDonald’s está ausente, de esta manera no podemos aplicar el índice Big Mac para comparar la paridad de poder de compra de ese país con Japón, quien por cierto se encuentra a media tabla del índice. En Suiza y Noruega una Big Mac de 508 calorías cuesta 6.35 dólares (120 pesos); en Japón 2.80 dólares (52 pesos). Egipto, Ucrania y Malasia, se encuentran en las últimas posiciones de la tabla del índice que estima el semanario The Economist.

Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Japón tiene un ingreso familiar neto ajustado promedio per cápita de 28,641 dólares anuales mientras que el de México es de 13,891 dólares. El promedio entre los países de la OCDE es 30,563 dólares.

Un kilogramo de arroz en Japón cuesta 420 yenes (70 pesos mexicanos) y el de pollo 900 yenes (150 pesos). En México, comprar un kilo de pollo cuesta alrededor de 40 pesos y el de arroz, entre 20 y 30 pesos.

Visitar una cafetería en Japón conlleva un gasto mínimo entre 400 y 600 yenes (66 a 100 pesos) por taza de café mientras que, en México, el precio del café se encuentra a mitad de precio.

El precio del boleto de metro en Tokio oscila entre 280 a 600 yenes (46 a 100 pesos), dependiendo de la distancia a recorrer; en México, 5 pesos.

Finalmente, el sueldo promedio en Japón es 275,000 yenes (45,858 pesos); en México, 10,680 pesos (entre los que cotizan en el IMSS).

En caso de que al embajador en Japón, que gana 15,828 dólares mensuales, le paguen el próximo diciembre 5,729 dólares (108,000 pesos) tendrá que reducir sus gastos 2.7 veces. Su panorama se ensombrecerá. Después de Navidad, el embajador tendrá que buscar una segunda fuente de ingreso. Quizá como chofer de Uber. Para un pasajero japonés, solicitar el servicio de Uber le cuesta entre 800 y 1,500 yenes (133 a 250 pesos). En México, un chofer de Uber gana entre 9,000 y 11,000 pesos mensuales trabajando 11 horas por día.

Al embajador le faltará tiempo. Si Función Pública le autoriza manejar un taxi en Tokio, lo tendría que hacer en la madrugada y, quizá, reducir a la mitad las horas de manejo. Adicionalmente, al terminar su jornada laboral en la Embajada, tendrá que correr al McDonald’s más cercano, podría ser el que está ubicado en Ginza 2-chome, que por cierto, abre las 24 horas.

¿Cerrar embajadas?

La diplomacia y la política corren por dos carriles de distinta velocidad. En México, la carrera política la puede hacer hasta un jugador de futbol con nulos estudios relativos a la cosa pública (Cuauhtémoc Blanco). Un embajador de carrera es imposible que pase de las canchas de futbol a ocupar la cabeza de una legación.

En efecto, la promesa de López Obrador de bajar el sueldo, en el ámbito diplomático, es una auténtica distopía. De cumplirse veremos dos escenarios. El primero de ellos será una degradación de la diplomacia mexicana. El segundo, el cierre de embajadas.

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@faustopretelin

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.