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Opinión

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Sandy y la nueva economía de los desastres

Desde el diluvio universal, las catástrofes no habían costado tanto. El récord previo era el 2010, cuando?los costos ascendieron a 220,000 millones de dólares.

A la ciudad de Nueva York le pega fuerte un huracán cada 80 años, dicen los expertos en probabilidades. Menos mal que es un suceso excepcional, porque Sandy tendrá un costo de 50,000 millones de dólares que se reflejará en una merma de 0.6% del PIB de EU en el cuarto trimestre.

El mundo mide cada vez mejor los costos de las catástrofes naturales porque éstas se han convertido en hechos cada vez más frecuentes. El año pasado, el 2011, se registraron 325 desastres naturales en todo el planeta. Tuvieron un costo de 370,000 millones de dólares, según la reaseguradora Swiss Re.

Nunca antes, desde el diluvio universal, las catástrofes habían costado tanto. El récord anterior era el del 2010, cuando los costos ascendieron a 220,000 millones de dólares. A manera de comparación, basta con decir que, en toda la década de los 90, los costos asociados a desastres naturales no superaron los 50,000 millones de dólares.

Las aseguradoras están preocupadas porque deberán cambiar su modelo de negocio. Los gobiernos deberían preocuparse porque crecerá el costo de atender los desastres. Basta decir que el presupuesto del Fonden se multiplicó por 10 en el sexenio y deberá crecer en la próxima administración.

Los economistas han creado una subrama para entender y explicar el asunto. Lo denominan economics of catastrophe. Como podrán imaginar, está dominada por personas que tienen una visión apocalíptica: el mundo está condenado a tener cada vez más hechos catastróficos, dice Marty Weitzman, uno de los mayores expertos en este nuevo campo.

Dejando de lado los terremotos, Weitzman asocia los desastres naturales con el cambio climático. Postula que uno de los mayores problemas de las catástrofes es la incertidumbre que producen. Los pronósticos se hacen muy complicados, con todo lo que implica en un mundo que está cada vez más interconectado. En términos de procesos productivos y de mercados, la introducción de niveles mayores de incertidumbre es un asunto de capital importancia. De los 50,000 millones que costó Sandy, 40% es costo directo asociado con daños materiales. El resto corresponde al precio que se paga por suspender la normalidad. Son negocios no realizados en Wall Street además de la suspensión de actividades comerciales y turísticas.

Los desastres naturales tienen un mayor peso económico ahora porque se dan en un mundo que vive la proliferación de grandes núcleos urbanos. En el planeta, hay una decena de ciudades que tienen alrededor de 20 millones de habitantes. Tres cuartas partes de ellas están situadas en zonas vulnerables a inundaciones o terremotos.

El huracán Sandy tendrá una enorme difusión porque ocurrió en vísperas de la jornada electoral de Estados Unidos y porque tuvo como escenario principal la ciudad de Nueva York. Gracias al cine, nos hemos acostumbrado a construir un imaginario cuya tragedia tiene mayor reverberación, cuando ocurre en la gran manzana. Casi nadie se acuerda de las grandes inundaciones del año pasado en Tailandia, aunque el número de víctimas fue varias veces mayor al provocado por Sandy.

Vivimos la era de las catástrofes. Nunca podremos acostumbrarnos a ellas. Sin embargo, deberemos prepararnos a convivir con ese desagradable nuevo inquilino.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx

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