Donald Trump cumple apenas un mes en la Casa Blanca y los escándalos de su errática administración no cesan. Reveses judiciales, renuncias y filtraciones ponen en evidencia su escasa comprensión respecto de temas sensibles, falta de juicio e incluso inestabilidad mental.

Por todo ello, flota en el ambiente la cuestión de si Trump logrará finalizar su mandato o si existen posibilidades reales de una salida anticipada del cargo.

La legislación estadounidense prevé cuatro causales para tal escenario: muerte, renuncia, incapacidad y juicio político. En todos los casos, la ausencia del presidente es cubierta por el vicepresidente.

1. Muerte. Ocho de 44 presidentes han muerto durante su mandato, cuatro asesinados y los otros por enfermedad. Si bien Trump es la persona de mayor edad en asumir el cargo y se ha negado a publicar su historial clínico, su desempeño hasta ahora permite suponer que no existe un riesgo inminente respecto de su condición física.

2. Renuncia. Dado el perfil psicológico del personaje y su delirante egolatría, se antoja difícil pensar en una separación voluntaria del cargo, que implicaría el reconocimiento de limitaciones personales o políticas. En el pasado, sólo Nixon optó por esta salida, ante la amenaza de ser enjuiciado.

3. Incapacidad física o mental. Puede tratarse de algo temporal (una intervención quirúrgica), donde el propio presidente da aviso al Congreso y el vicepresidente asume interinamente el cargo (sucedió con Reagan y Bush hijo).

En caso de incapacidad permanente o enfermedad mental, la mayoría del gabinete y el vicepresidente deben notificar por escrito al vocero de la Cámara Baja (Speaker of the House) y al líder del Senado sobre tal condición. El Congreso tiene 48 horas para sesionar y decidir la separación mediante voto calificado en ambas cámaras.

4. Juicio político y remoción. El famoso impeachment es un proceso complicado y poco utilizado (Bill Clinton, el más reciente). Consiste en dos etapas: la primera es un juicio político por causa grave ante la Cámara de Representantes, que sólo requiere de mayoría simple para proceder. La segunda es el juicio de remoción ante el Senado erigido en tribunal, donde se requiere votación de 2/3 partes para la destitución. En 240 años, dos presidentes han sido enjuiciados, pero ninguno ha sido removido del cargo.

En la actual circunstancia, el constitucionalista Dean Falvy asigna a cada causal 10% de probabilidades. Sólo la de juicio político sube a 25%, siempre que los demócratas recuperen la mayoría después del 2018(*). La (triste) realidad es que una salida anticipada se ve poco probable.

@veronicaortizo

(*) Verdict Legal Analysis. Feb, 2017. www.verdict.justia.com