Muchas cosas en la política mexicana han cambiado en los últimos años. Particularmente, y por fortuna, respecto del presidencialismo imperial de antaño.

No sólo han quedado atrás las facultades metaconstitucionales que describía Jorge Carpizo, sino que hechos cotidianos dan muestra de que, contrario a la idea general, hoy permea una resistencia casi automática frente a la figura del Ejecutivo. Basta ver algunos reveses que, directa o indirectamente, se ha llevado en los últimos días.

La anulación de la elección de gobernador en Colima, por injerencia indebida del gobierno local en apoyo del candidato priista. En los hechos, una sospechosa actuación del gobierno local le cuesta el triunfo a un candidato del centro , ex colaborador presidencial.

La resolución de la Primera Sala de la Corte sobre la mariguana, que ha causado enorme revuelo. A pesar de sus limitados efectos prácticos, dado que ampara solamente a cuatro personas físicas que han manifestado no ser consumidoras de dicha droga, el efecto de la sentencia ha sido colocar el tema al centro del debate nacional y forzar al gobierno federal a abordar un tema que preferiría evitar. La liberalización del cultivo y consumo de mariguana (que, por cierto, no está penalizado) tiene implicaciones regulatorias, administrativas, presupuestales, médicas, educativas y jurídicas difíciles de conciliar. Por algo es una idea que promueven activamente varios ex presidentes, con la libertad de estar fuera del cargo.

La designación de dos nuevos ministros de la Suprema Corte de Justicia. Ni duda cabe de la relevancia de estos nombramientos para consolidar la independencia y el peso ganados por el máximo tribunal en las dos pasadas décadas. Pero academia y sociedad civil demandan perfiles adecuados , es decir, totalmente ajenos al presidente. De no ser así, no habrá siquiera espacio para que el Senado valore méritos y trayectorias.

La elección de rector en la UNAM, que optó claramente por el continuismo frente a la posibilidad de un cambio de perfil, de género, de relevo generacional o de transformación más ambiciosa. El Consejo Universitario evaluó una decena de proyectos. Pero lo que es cierto es que en amplios círculos de opinión uno de los aspirantes quedó descalificado a priori por su anterior pertenencia al gabinete presidencial.

Elecciones locales, decisiones de la Corte, nombramientos, todo fuera del control del Ejecutivo. Impensable en otras épocas. La democracia avanza y también, hay que decirlo, para bien o para mal, el resorte antipresidencialista goza de cabal salud.

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