Llevo muchos años repitiendo que los economistas estamos mejor capacitados para explicar por qué nuestros pronósticos fallan para predecir el futuro con precisión, a pesar de -o quizá en razón de- haber desarrollado complejos modelos matemáticos y econométricos.

Ello se debe a que los modelos se basan en supuestos que no siempre se cumplen, como el de que los instrumentos financieros respaldados por créditos hipotecarios de dudosa calidad tuvieran una calificación AAA o en extrapolar linealmente el porvenir con base en lo ocurrido en el pasado reciente.

El consenso de las predicciones actuales da por sentado que la recuperación económica mundial se consolidará de manera acelerada. El Fondo Monetario Internacional pronostica un crecimiento de la economía mundial de 4.5% para este año en comparación con la contracción de 0.5% del 2009.

Hay que recordar, sin embargo, que el FMI nunca vio venir la debacle del 2007 y que su actual vaticinio ignora los errores de política económica que se perfilan en el horizonte, como el inminente amago planteado por el senador demócrata de Nueva York, Charles Schumer, de adoptar medidas proteccionistas en su país.

El optimismo de los pronosticadores también desconoce los intrincados e insondables vínculos que existen entre fenómenos económicos en apariencia inconexos, como la precaria situación por la que atraviesan las economías mediterráneas con Grecia a la cabeza y la recuperación en Estados Unidos.

Un poco de historia ayuda a mejorar nuestra percepción del porvenir. La Gran Depresión, que se inicia en octubre de 1929 con el desplome de la Bolsa de Valores de Nueva York, se vio agravada por la adopción en EU de la ley Smoot-Hawley en 1930, que elevó las barreras proteccionistas como nunca antes.

Ello provocó la represalia de la mayor parte de los demás países que también siguieron medidas proteccionistas. El resultado fue el colapso del comercio internacional, que cayó en 66% entre 1929 y 1934, y la creación de un ambiente hostil que contribuyó al desenlace de la Segunda Guerra Mundial.

El otro hecho que parecía totalmente desconectado de la situación económica de EU, al igual que hoy lo parece la tragedia griega, fue la quiebra de Credit Anstalt, en banco más importante de Austria, en mayo de 1932.

Este banco, propiedad de la rama austriaca de la familia Rothschild, si bien era de proporciones modestas para estándares mundiales, tenía inversiones muy poco líquidas y un endeudamiento considerable en moneda extranjera, equivalente a más de la cuarta parte de sus depósitos totales.

Los intentos de rescate por parte del banco central fallaron y su quiebra llevó al pánico de los depositantes, que con celeridad empezaron a retirar sus ahorros del sistema bancario, lo que lo habría llevado a la bancarrota de no ser por la intervención del banco central de Austria.

Pero para evitar la suspensión de pagos del país, se diseñó un paquete de rescate por parte de los bancos centrales de Alemania, Inglaterra y EU.

Francia, sin embargo, puso como condición para sumarse al salvamento la cancelación de la unión aduanera que habían concluido Austria y Alemania.

A pesar de que el Banco de Inglaterra decidió aportar la porción francesa del rescate, el pánico se había fraguado y extendido a Alemania, país 10 veces mayor que Austria, que de inmediato empezó a perder sus reservas internacionales de oro, lo que podría conducir a su suspensión de pagos.

El presidente Herbert Hoover de EU anunció una moratoria de todas las deudas vinculadas con los pagos de las indemnizaciones de la Primera Guerra Mundial sin consultar a Francia.

Después de frenéticas negociaciones para enmendar este grave error, se logró un acuerdo, pero ya era demasiado tarde.

El pánico generalizado se había apoderado de los mercados y las suspensiones unilaterales de pagos siguieron una tras otra. Los bancos centrales europeos empezaron a cambiar dólares por oro, lo que obligó al Sistema de la Reserva Federal de EU a elevar sus tasas de interés para defender su moneda.

El pavor y la política monetaria más restrictiva llevaron a una corrida bancaria generalizada y eventualmente a la bancarrota de más de 9,000 bancos en EU, lo que agravó y prolongó en forma notable su depresión económica.

Como solía decir el gran filósofo Jorge Santayana: Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo ¿Serán ahora Schumer y Grecia los herederos de Smoot-Hawley y Credit Anstalt?