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Pinault Hayek y las nuevas relaciones franco-mexicanas
México y Francia merecen una mejor relación que la que tienen. La mejor prueba de ello son las decenas de miles de mexicanos que visitan cada año Francia.
Valentina Pinault Hayek podría ser el símbolo de las relaciones franco-mexicanas en la segunda década del siglo XXI. Esta niña es hija de la actriz mexicana Salma Hayek y de Francois Pinault, el heredero de uno de los mayores imperios empresariales franceses, el grupo Kering, propietario de las marcas Gucci, Yves Saint Laurent, Puma, Samsonite, Converse y de la casa de subastas Christie's.
Valentina podría ser muchas cosas, pero más le vale no ser el símbolo de las relaciones franco-mexicanas. Éstas no son ejemplares.
Están muy lejos de haber desarrollado su potencial. Sólo 0.9% de las exportaciones mexicanas va a Francia, y 0.3% de las compras mexicanas del exterior viene del país galo. En inversiones en México, Francia está apenas en el quinto lugar de Europa, por detrás de Alemania, España, Holanda e Italia.
Por comodidad, quizá, se culpa al caso Cassez para explicar el estado actual de las relaciones entre la segunda mayor economía de América Latina y la segunda mayor economía del continente europeo. Lo cierto es que el extravío comenzó mucho antes de que esta francesa llegara a territorio mexicano y fuera encarcelada. El nivel de intercambio comercial es ridículamente bajo, considerando que no llega a 5,000 millones de dólares, en países que comercian cientos de veces esa cantidad.
México no ha sabido encontrar la forma de detonar una relación más productiva con los galos. Lo mismo podemos decir de los franceses respecto de México. El potencial es enorme, en terrenos tan diversos como el turismo, industrias creativas; agricultura de valor agregado; sector energético; la economía verde y las Tecnologías de la Información.
La industria aeroespacial es, sin duda, un ejemplo de lo que podrían ser las relaciones franco-mexicanas en el tercer milenio. Francia es el inversor más activo en este sector de gran crecimiento en territorio mexicano. Destacan los casos de Safran y EADS, que son parte de un conglomerado de más de 200 empresas francesas que están desarrollando clústeres en Querétaro, Chihuahua y Nuevo León, principalmente.
La conformación del Consejo Estratégico Franco Mexicano, que preside el excanciller Jorge Castañeda, es también una excelente iniciativa para impulsar las relaciones entre los dos países. Hay buena química entre los jefes de Estado, Enrique Peña y Francois Hollande, pero también hay empresarios interesados en hacer negocios. Por México participan Emilio Azcárraga, de Televisa; Eduardo Tricio, de Lala y de Aeroméxico; Miguel Alemán, de Interjet; Juan Gallardo Thurlow, del grupo de Embotelladoras Unidas, y el inversionista Fernando Chico Pardo. Por Francia, están los grupos Schneider Electric; Safran; EADS; GDF Suez; Danone, y el organismo operador del transporte público RATP. Como se trata de relaciones entre México y Francia, no podía faltar cierto glamour.
Están Salma Hayek y los intelectuales Alberto Ruy Sánchez, Carlos Elizondo y Régis Debray.
El primer anuncio de este consejo estratégico es la creación de un fondo de inversión que tendría un capital de 250 a 500 millones de dólares y estaría enfocado a buscar oportunidades de inversión en la industria aeronáutica. Proveeduría; reparación y mantenimiento, y diseño de partes y procesos son algunas de las áreas con gran potencial.
México y Francia merecen una mejor relación que la que tienen.
lmgonzalez@eleconomista.com.mx