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No eres un caos con tu dinero (parte 1 de 2)

Mi papá era muy desordenado con su dinero y era el primero en reconocerlo. “Soy un desastre total”, me decía. Incluso bromeaba con que él era la principal inspiración para mis columnas.
He conocido a otras personas que me han dicho lo mismo: “soy “pésimo” con el dinero”, casi implicando que no tienen remedio alguno. Ahí es donde está el error. Manejar el dinero no es un talento: es algo que se aprende, como casi todo en la vida.
Es quizá la manera como usamos nuestro lenguaje, pero tenemos que tener mucho más cuidado en el uso del verbo ser. Lo que pensamos que somos, impacta la manera como nos sentimos, lo cual a su vez influye en lo que hacemos y eso refuerza ese pensamiento negativo. Es lo que nos tiene atrapados.
Pero además, el verbo ser describe una característica o condición permanente, o muy difícil de cambiar. Por ejemplo: “soy mexicano”, o “soy arquitecto”.
Manejar el dinero no es algo que eres, sino algo que haces. Es una diferencia significativa. Así, como mi papá, tú no eres un caos con tu dinero. Simplemente no has aprendido a manejarlo y has tomado decisiones financieras que han incrementado tu estrés y limitado tus opciones. Por ejemplo: quizá durante El Buen Fin compraste más de lo que pensabas y adquiriste demasiadas deudas a meses sin intereses. O bien, puede ser que cada quincena sientas que te falta dinero para terminarla y vives tus últimos días tratando de estirar lo poco que te queda y esperando con ansias la siguiente fecha en la que te pagan.
Eso nos pasa a todos. Yo también he tomado malas decisiones, algunas de las cuales he compartido en este espacio. Pero he aprendido de mis errores, de mis propias experiencias y también de las de otros.
¿Por qué no manejas bien tu dinero? Es posible que nadie te haya enseñado, o que simplemente en casa no hayas tenido el mejor ejemplo. Muchas veces seguimos consejos que “parecen” ser lógicos, pero que en la práctica no funcionan para nosotros, simplemente porque no somos iguales a los demás. Recuerda: las finanzas personales son eso, personales. Lo que es adecuado para mí, quizá no sea bueno para ti.
¿Por qué? El dinero nos causa muchas emociones, tanto positivas como negativas. Algunas personas se sienten muy ansiosas o estresadas, porque simplemente ganan poco y no les alcanza. Pero también hay otras que se han endeudado demasiado porque no entendieron que pagar a crédito te roba una parte de tu ingreso futuro.
Cuando me casé, mi esposa habló conmigo y me dijo claramente: “el dinero lo manejas tú, no quiero saber nada de él. El dinero causa conflictos y separaciones, no quiero nunca tener que pelearme contigo por dinero. Además, cuando yo tengo dinero, me lo gasto, así que prefiero no tener”. Añadió: “Nada más te voy a pedir una cosa: nunca te endeudes. No quiero tener que vivir con eso”.
Todas estas palabras estaban llenas de sentimientos negativos que le causaban hablar de dinero, por cosas que habían sucedido en su familia.
Afortunadamente no le hice caso: siempre hablamos de dinero, desde el principio. Todas las decisiones financieras importantes han pasado siempre por los dos. Ambos sabemos lo que entra a casa y en qué lo gastamos.
Al principio, cuando el dinero era escaso, la comunicación nos hizo hablar de nuestras prioridades y de las cosas que eran importantes para los dos. Eso ha sido fundamental para nuestra consolidación como pareja y como familia.
Aprender a relacionarnos mejor con nuestro dinero, a manejarlo bien, es todo un proceso y no es fácil, por las emociones que produce. Tenemos, por lo tanto, que hacerlo poco a poco, dar pequeños pasos. La idea es aprender a tomar mejores decisiones y para ello necesitamos información. De esto hablaremos en la segunda parte.

