Hay días en que se pierde la fe y se desdibuja la esperanza en el género humano. Desgraciadamente hay hechos y situaciones que nos hacen sumergirnos en una especie de depresión catatónica. La situación que hoy vive Nicaragua es una de ellas. Daniel Ortega, actual presidente (dictador, diría yo) de este pequeño país centroamericano, es el protagonista de esta pesadilla que todos en el mundo, de una u otra forma, estamos presenciado impotentes.

Desde luego, después de 15 años en el poder, a Ortega, como buen autoritario, esto se le hace poco y va por más a costa de lo que sea, sin importarle el dolor y la asfixia de un pueblo al que le ha costado mucho vivir en democracia. 

Y pensar que fue este mismo personaje el que combatió junto con un puñado de hombres y mujeres libertarios la larga dictadura de la familia Somoza, que desde 1936 y hasta el 17 de julio de 1979 oprimió a los nicaragüenses. ¡Lo que hace el afán de poder en los seres humanos!

Como psicóloga debo decir que siempre me ha interesado esa extraña transformación que se va dando en muchos de los poderosos que de pronto se traicionan a si mismos por el afán de poder, dinero y fama. Pareciera que estos personajes en el fondo lo que deseaban desde el inicio de sus luchas era mimetizarse con los tiranos, a los que destruían para sustituirlos y ocupar así su lugar, con más virulencia de ser esto posible… y desafortunadamente al parecer siempre lo es.

Hoy recibimos día tras día noticias muy tristes desde Managua: precandidatos a la presidencia, periodistas, dirigentes de organizaciones políticas, empresarios, jóvenes inconformes, responsables de medios de comunicación, empresarios, detenidos por diferir del pensamiento oficial y por defender las libertades y la ley. Todos presos, recluidos, la mayoría de las veces torturados y un país entero que tiene miedo de la violencia de la que es capaz el autócrata. Eso es hoy Nicaragua.

Lo más perturbador es que, a pesar de la condena de la mayoría de los países de la OEA (con la vergonzosa excepción de México y Argentina), de la ONU, de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, aún con los reclamos vigorosos de Human Rights Watch, de la Unión Europea y de Estados Unidos, de la CIDH… la situación de este país centroamericano no cambia. 

Pareciera que los países gobernados por demagógos populistas están blindados y ni los venezolanos, ni los cubanos, ni los rusos, ni los turcos ni ningún país que sufre tal enfermedad (con excepción de USA, que logró deshacerse de Trump) pueden salir de ese hechizo maligno.

Al momento de escribir esto se percibe como a nivel internacional se ejercen más presiones para lograr un cambio democrático verdadero en el país donde manda el Sr. Ortega. 

El senado estadounidense ha aprobado una iniciativa de ley que impone más sanciones al gobierno de Nicaragua, que podría significar un golpe económico significativo para su gobierno. Más aún, 59 países están pidiendo en Naciones Unidas que termine el acoso a la oposición y que se puedan tener en el mes de noviembre elecciones libres, donde se respete el voto de los ciudadanos. Ojalá sea posible.

Disentir, decir lo que se piensa más allá de lo que piensa el poderoso, hacer valer el conocimiento y conocer y dar a conocer la realidad a través de datos y hechos son conductas y derechos que no pueden ser sancionados ni suprimidos, no dejemos que pronto se conviertan en delitos. 

Luchemos por la libertad y la lucidez en contra del manipulador oscurantismo. Espero que en Latinoamérica estemos a tiempo.

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Tere Vale

Psicóloga

Columna invitada

Psicóloga, conductora, escritora, comentarista de Grupo Fórmula.

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