Las recientes elecciones en Europa y Sudamérica ofrecen interesantes ejemplos del movimiento pendular de los votantes, que responden a determinadas certezas y temores e inclinan los resultados en sentidos diametralmente opuestos.

El caso de las elecciones regionales en Francia es dramático, dado el desplazamiento de las preferencias hacia el Frente Nacional (FN), partido de ultraderecha liderado por la familia Le Pen.

Si bien el FN había sorprendido desde las elecciones europeas del 2014, donde obtuvo 25% de los votos, en esta ocasión se lleva 27.7%, mandando al segundo lugar a los Republicanos (de centro-derecha encabezados por el ex presidente Sarkozy) con 26.7% y a un humillante tercer sitio al Partido Socialista del presidente Hollande, con 23.1% de los sufragios.

El Frente Nacional ha sabido capitalizar el desencanto con la situación económica, que golpea más a la clase trabajadora y a los jóvenes marginados y poco preparados. De manera preocupante, consigue un tercio de los votos del electorado entre 18 y 24 años.

Adicionalmente, los ataques terroristas de enero y noviembre cumplieron su cometido y el saldo político del miedo que inculcaron los atentados quedó plasmado en la nueva distribución del poder en ese país.

De este lado del Atlántico, los acontecimientos de París, sumados a la masacre de California, han alentado el discurso radical de extrema derecha y mantienen con vida una precandidatura que muchos desestimaban hace pocos meses. Marine Le Pen y Donald Trump han sido los beneficiarios del miedo.

Lo más peligroso, en ambos casos, es la polarización y el enfrentamiento que provocan al interior de sus propias sociedades. Bernard-Henri Lévy lo describe como un odio nuevo y un odio rancio que (...) se conjugan a fin de trastocar nuestra forma de contrato social y de poner a los franceses unos contra los otros .

Certezas y temores de otra índole han movido al electorado latinoamericano. En Argentina, el agotamiento luego de 12 años de kirchnerismo dio el triunfo al candidato opositor de centro-derecha Mauricio Macri, mientras que en Venezuela la oposición obtiene una histórica victoria legislativa y pone fin a 17 años de dominio chavista.

Mientras el populismo de izquierda en América Latina parece ir cediendo ante las rotundas evidencias de su fracaso económico y polarización social, en otras latitudes los populistas de derecha avanzan montados en el discurso del miedo, el racismo y el odio.

A los amables lectores, los mejores deseos para estas fiestas navideñas y el año 2016.

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