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Opinión

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¿Luz y fuerza?

La decisión de liquidar a la empresa Luz y Fuerza establece un precedente muy importante en la necesidad de eliminar la ineficiencia operativa y financiera, no solo de esa empresa sino de muchas más, así como de secretarias de Estado, que tienen un anacronismo operativo y una estructura sindical desmesurada.

En el caso de LFC se tuvo una solución técnica sin grandes problemas, al darle a la Comisión Federal de Electricidad la responsabilidad de continuar realizando el servicio. La CFE produce la casi totalidad de electricidad del país y LFC solo la distribuía esencialmente en el Distrito Federal. La CFE absorbió las nuevas operaciones sin dificultades debido a la calidad técnica y disciplina de sus técnicos y trabajadores.

La decisión del Presidente Calderón va más allá de resolver el problema de un pasivo laboral de 240,000 millones de pesos y costos que duplican los ingresos por ventas, dos indicadores de una patética organización productiva. Si la decisión política es hacer algo similar con otras empresas y grandes sindicatos, al país le dignificaría un cambio cualitativo importante orientado a la productividad, aunque se requiere de una estrategia cuidadosa de planchado para no afectar más el problema social creado por el desempleo existente y el que se genera con estas purgas. Si es un golpe sexenal, como en el pasado, será más de lo mismo.

Si la Razón de Estado es la transformación de las empresas, se estará actuando en el gasto público, caracterizado por ineficiencia, aberraciones y desperdicio. Por ello nunca alcanzan los ingresos, aún en bonanza petrolera. El panorama del gasto está así: una ilimitada multiplicación de necesidades innecesarias, sindicatos parasitarios, gobiernos locales derrochadores, devastadora corrupción, elefantes blancos en obra pública, enormes filtraciones y funcionarios públicos que detestan servir al público. Ello hace que los recursos se dilapidan y no tengan una positiva consecuencia económica y social.

Impuestos sin representación no es democracia. Así lo plantearon los puritanos ingleses en el siglo XVII que hicieron la primera revolución democrática burguesa y corrió por el suelo la cabeza decapitada de Carlos I. Así ocurrió también un siglo después con la revolución francesa cuando Luis XVI estableció impuestos a las ventanas. El pueblo y la burguesía se fueron contra la aristocracia.

LFC tenían 40,000 trabajadores y ahora tendrá 8,000 bajo la nueva forma operativa que se adopte.

Ello nos dice dos cosa: uno. La inmensa ineficiencia burocrática si sumamos lo que pasa en el resto de las empresas estatales y dos, CFE salvó el problema técnico.

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