Una vez que concluyeron las reuniones del G-8 y del G-20, sobresale el acuerdo de que los países hagan lo que puedan para regular sus mercados financieros, enfrentarse al ajuste de las cuentas públicas y cuidar la recuperación económica. Difícil tarea porque significan objetivos contradictorios. También porque los gobiernos y los políticos no tienen el suficiente poder para realizarlos.

La importancia de los mercados, puede apreciarse en dos comentarios. Uno de Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía y Ex-Jefe del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de EUA. Y otro por parte del Presidente Clinton. El primero, al analizar el riesgo sistémico de los mercados financieros dijo hace 13 años: "Ha habido una erosión continúa durante los últimos 20 años. Incluso cuando estuve en la Casa Blanca, todos hablaban del riesgo. Pero luego todos alzaban las manos y decían: -No queremos regular. Ello fue porque la gente de Wall Street era la que hablaba". Bill Clinton, Presidente de los Estados Unidos, al inicio de su segundo período de gobierno dijo: "O sea que ¿el éxito de mi programa y de mi reelección dependerán de un hatajo de jodidos negociantes de bonos?". Sucumbió a la presión de éstos, representados por Alan Greenspan.

La fuerza del mercado hace fracasar a los gobiernos de centro y de izquierda. Es el caso de los gobiernos actuales de Grecia y de España, que pagan los platos rotos de sus antecesores, gobiernos de derecha.

Los mercados se han vuelto complejos por una mezcla de factores reales de las economías, pero también por la fuerza de la codicia de los inversionistas.

George Soros explica el fenómeno actual en los términos siguientes: "Los mercados no reflejan muy bien los hechos, en parte porque ellos mismos crean esos hechos". Las tendencias del mundo real determinan las decisiones de los participantes del mercado, pero éstos a su vez refuerzan esas tendencias. Las realidades crean espectativas, pero éstas crean realidades. Alrededor de ellas las pasiones humanas.

Este círculo de condicionamientos produce profundas crisis. De ahí la necesidad de regular los mercados financieros y sus participantes. Ahora el gobierno de EUA acaba de formular la mayor reforma financiera que se ha conocido desde la Gran Depresión. Es la mano visible del Estado. Sin ella no es posible limitar los excesos que finalmente paga el contribuyente y que origina una gran inestabilidad social y política. Falta una acción similar en Europa. Los ciudadanos advierten una debilidad de los gobiernos europeos porque siguen privilegiando el fundamentalismo del mercado y la consolidación fiscal, que anticipa nuevos desastres.