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Opinión

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Letonia, premio al auto sacrificio

El boleto de entrada a la atribulada zona euro se lo ganaron a pulso.

¿Alguien en su sano juicio quisiera entrar a un edificio en llamas y comprar un departamento, aunque fuera en un lugar cercano al sótano?

Pues sí, eso lo hace alguien que cree que el fuego no pone en peligro la estructura y que a la larga obtendrá una plusvalía de su piso en esa construcción.

Hay una pequeña nación báltica que se ha ganado a pulso su lugar dentro del mecanismo de moneda única. Ese país es Letonia. Y a partir de enero del 2014, los letones podrán cambiar su moneda local, el lats, por euros, y convertirse en el socio número 18 de esta moneda.

El boleto de entrada a la atribulada zona de la moneda única se lo ganaron con creces. No han estado exentos de crisis. Pero es justo el manejo que le han dado a sus episodios económicos complicados lo que al final les valió la membresía.

Resulta que en algún momento de su exitosa carrera ascendente en materia económica se generó una burbuja hipotecaria que acabó por comprometer la salud de su sistema financiero. El principal banco de ese país quebró, el gobierno lo compró en tres euros y lo recapitalizó, tras asumir la abultada cartera de deudas.

Previo a esta crisis, durante el 2005, el banco central de Letonia amarró la cotización de la moneda local al euro. Una paridad uno a uno, como preparando el camino.

Por eso, cuando estalló la burbuja de la crisis y las finanzas se descompusieron en plena gran recesión, a finales del 2008, los gurús de la economía mundial le recomendaron devaluar su moneda para corregir sus problemas.

La respuesta del gobierno letón fue que no, que mantendrían la paridad y que a cambio tomarían medidas internas de corrección.

Nadie les exigía eso, precisamente porque no portaban la moneda única, por lo tanto, su suerte no estaba atada a la suerte alemana.

Pero la política de austeridad auto impuesta por Letonia le valió el apoyo del Fondo Monetario Internacional, de la Comisión Europea y de sus vecinos escandinavos.

Nadie se dio cuenta en el resto del continente, porque estaban angustiadísimos por la suerte de los socios griegos, portugueses y españoles, pero los letones recortaron la nómina pública en 30%, eliminaron grasa de la estructura burocrática, dejó que el mercado inmobiliario se ajustara sin intervenciones.

Básicamente, la corrección se dio por el lado del gasto, porque Letonia mantiene bajas tasas impositivas que a pesar de ello le permiten tener un déficit fiscal inferior a muchos países de la zona euro.

Fue para Letonia como tener la bota de la Troika sobre su cabeza, pero de manera voluntaria. Y lo que hoy cosechan es la aceptación de poder utilizar la moneda única europea como propia.

Ahora, a la pregunta de quién en su sano juicio desearía utilizar una moneda con tantos problemas y con tantas historias de terror como el euro, la respuesta es fácil: cualquiera que tenga el deseo de compartir la misma sombrilla de protección que Alemania.

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