Todavía no sabemos qué tipo de presidente será Donald Trump y muchos habríamos preferido nunca averiguarlo. Lo que es un hecho es el impacto de la variable Trump en la relación con México y en el escenario político rumbo al 2018.

En un contexto de desenlaces políticos disruptivos, como el Brexit, el referéndum en Colombia y la elección en Estados Unidos, convendría no descartar un potencial resultado sorpresivo en nuestro país.

De ahí la importancia de algunas lecciones que dejó la contienda norteamericana y que podrían extrapolarse al caso mexicano.

1. El enojo ciudadano con el desempeño económico, más allá de la medición del PIB. El problema está en la desigual distribución de la riqueza y de los beneficios de la globalización.

En EU, la clase trabajadora blanca, de bajo nivel educativo de las zonas industriales de Michigan, Wisconsin y Pensilvania le dio el triunfo a Trump. Es un segmento de población agraviado por la pérdida de empleos y por la desesperanza en un futuro mejor para sus familias. Peor aún, es el grupo donde la mortalidad ha aumentado, según un estudio del Brookings Institution*.

De este lado, persisten millones de mexicanos excluidos de los beneficios del TLCAN, o de las reformas estructurales, y que ven con pesimismo el rumbo económico. Interesantemente, en México la esperanza de vida al nacer es cinco años menor que el promedio de la OCDE.

2. El hartazgo de los votantes con el establishment. Paradójicamente, el millonario Trump conectó más con los ciudadanos que la profesional Hillary, percibida como imagen de la clase política privilegiada, corrupta, distante de los problemas de la gente.

En este sentido, las elecciones del 2015 y el 2016 en México mandaron un claro mensaje. Mostraron el uso del voto como instrumento de castigo contra gobiernos percibidos corruptos (Nuevo León, Sonora, Durango, Tamaulipas, Sinaloa, Oaxaca o Veracruz), independientemente del progreso económico de la entidad (Chihuahua o Quintana Roo).

3. El deseo de cambio. En EU, la gente se cansa y después de ocho años del mismo gobierno no quiere repetir la dosis. Las excepciones han sido poquísimas (la última fue Bush padre, después de dos mandatos de Reagan, ambos republicanos).

En México este año cambiaron de partido ocho de 12 gubernaturas y cuatro viven alternancia por primera vez.

El problema es que cuando hay insatisfacción económica y hartazgo político, el deseo de cambio no oye razones y puede canalizarse por opciones extremas y populistas. Pero el remedio puede salir más caro que la enfermedad.

@veronicaortizo

*http://www.brookings.edu/research/unhappiness-in-america-desperation-in-white-towns-resilience-and-diversity-in-the-cities/

El profesor de Gerogetown John Bailey habló en entrevista con Leonardo Curzio de la posibilidad de un Trump light o uno pesado.

En todo caso, la incertidumbre sobre su administración parece ser el rasgo predominante. Las pocas designaciones que ha hecho hasta el momento se inclinan hacia la parte pesada , de extrema derecha del Partido Republicano.