Hace nueve años escribí mi primer artículo para El Economista. Hablaba de la comedia de la legalidad en la que vivimos los mexicanos.

Los mexicanos no creemos en la ley, en buena medida porque nunca nos hemos sentido protegidos por ella, porque no hemos encontrado su utilidad y, peor aún, porque quienes están encargados de aprobarlas, cumplirlas y hacerlas cumplir son los primeros en violarlas, negociarlas o ignorarlas. El ciudadano aprende que siempre hay una buena razón para no cumplir la ley: el personaje, la causa, o ambas .

La imagen difundida estos días es fiel retrato de lo anterior. Una diputada recibe medio millón de pesos en efectivo para el líder de su partido, sin el menor rubor ni cuestionamiento alguno.

Una vez exhibida, la mujer y el destinatario acusan complot de la mafia del poder . Nada nuevo. Ni Eva, ni AMLO pueden ser señalados porque el personaje y la causa los eximen de toda culpa. Corrupción, (sólo) la de los otros.

Lo grave es que tal cinismo permea en la sociedad y hace posible una altísima tolerancia ante la corrupción. Pero, a diferencia de hace nueve años, hoy este flagelo es calificado por la ciudadanía como el principal problema del país. Y la comedia se vuelve trágica porque nadie percibe la responsabilidad individual en la epidemia.

El reciente estudio de la OCDE(1) es lapidario. Los mexicanos criticamos y repudiamos la corrupción de otros, al tiempo que toleramos -e incitamos- la propia.

Otra muestra: 52% de la población evadiría pagar impuestos si pudiera, frente a 40% que no lo haría; 53% compraría gasolina más barata en expendios irregulares, mientras 29% no lo haría(2).

No debe sorprender entonces que el círculo vicioso no se haya roto cambiando de partidos en el poder o de funcionarios en las dependencias. Se necesita un sistema de incentivos que premie en primer lugar la integridad y castigue estrictamente la ilegalidad.

Mientras los ciudadanos no asumamos la responsabilidad individual, no habrá sistema anticorrupción que funcione. Seguiremos aprobando leyes e instituciones perfectas en el papel, pero inaplicables en la realidad. Y, parafraseando a Luis Rubio, el Estado de Derecho seguirá siendo la utopía inalcanzable.

CICLO

Hoy cierro un ciclo y me despido de este diario. A Luis Miguel González, mi agradecimiento por el generoso espacio y la absoluta libertad editorial. A los lectores de esta Ventana Política, mi gratitud y anhelo de reencontrarlos más adelante.

@veronicaortizo

(1) OECD Integrity Review of Mexico. Taking a Stronger Stand Against Corruption . Marzo 2017. www.oecd.org

(2) Encuesta Nacional GEA-ISA. Marzo 2017. www.isa.org.mx