Aescasos 10 días de la elección presidencial en Estados Unidos, las cifras parecen alinearse a favor de Hillary Clinton.

En las últimas mediciones, la candidata demócrata encabeza el voto popular por un promedio general entre 5.7 y 7.7% (RealClearPolitics y BloombergPolitics, respectivamente).

Por lo que hace al colegio electoral que finalmente decide la elección, FiveThirtyEight proyecta hasta 329 votos para Clinton (se necesitan 270 para ganar).

Hillary lidera las preferencias entre afroamericanos, no blancos, latinos, jóvenes, mujeres y estudiantes blancos universitarios. A Trump lo respaldan consistentemente los blancos sin grado universitario y los mayores de 65 años.

Con todo, la diferencia entre ambos candidatos no permite aún cantar victoria en el campo demócrata y mucho dependerá de la efectiva participación electoral.

Pensemos en el voto latino. Con 27.3 millones de votantes potenciales, el reto será que salgan a votar, considerando que en el 2012 y el 2008 lo hizo alrededor de la mitad.

Será el fin de una agotadora contienda, que no sólo enfrentó a la sociedad estadounidense ideológicamente, sino que sorprendió por el impacto de posiciones radicales y antisistema, como las de Bernie Sanders y el propio Trump. Una elección que convoca al electorado más diverso en la historia de Estados Unidos, donde las minorías no blancas han crecido hasta representar casi 30% de los votantes probables.

De resultar electa Hillary, se concretará el mejor escenario previsible para Estados Unidos y el resto del mundo, incluido México.

Sin embargo, habrá que estar conscientes del potencial impacto para nuestro país, al menos en tres frentes.

Uno, en el plano comercial, dado el ataque reiterado y los abiertos cuestionamientos al TLCAN y al TPP. Dos, en el ámbito social, respecto del trato hacia la comunidad mexicana en Estados Unidos, el futuro de la política de deportaciones y de las acciones ejecutivas a favor de los jóvenes dreamers. Tres, en el frente diplomático. De la mayor relevancia será la recomposición de la relación bilateral, afectada no sólo por la visita de Donald Trump a nuestro país, sino años atrás cuando Clinton era aún secretaria de Estado, con la implementación de la política de ventanilla única que cerró los canales de intercambio entre las distintas agencias de ambos gobiernos.

Sin duda, Hillary Clinton es una política profesional y pragmática que no actuará visceralmente, pero que pondrá énfasis en los temas de seguridad, Estado de Derecho y derechos humanos.

Twitter: @veronicaortizo