Durante los últimos meses la problemática fiscal de varios países de la Unión Europea (UE) ha sido materia de discusión, preocupación y acción por parte de las autoridades financieras al más alto nivel.

La situación obligó a la UE y al FMI a crear un gran fondo de apoyo que ya ha sido usado para rescatar primero a Grecia, luego a Irlanda y después a Portugal.

A pesar de la delicada situación de estas economías, su tamaño no es suficientemente grande para tener repercusiones globales importantes. Sin embargo, el problema estructural y el escrutinio de los mercados no se limita a estos tres países y también incluye naciones de mayor envergadura como España, cuya economía es dos veces más grande que las de Grecia, Irlanda y Portugal juntas.

Varios expertos coinciden en que el tamaño del fondo de apoyo establecido por la UE podría no ser suficiente si España llegará a necesitar apoyo.

Afortunadamente, durante los últimos meses España ha logrado diferenciarse de Grecia, Irlanda y Portugal, y ha seguido teniendo acceso a los mercados para refinanciar sus vencimientos. La percepción sobre España ha mejorado de tal manera que los mercados han estado dispuestos a comprar la deuda española a tasas más bajas. Asimismo, ha habido ya conversaciones con fondos soberanos para apoyar al gobierno español en el rescate de sus cajas de ahorro regionales.

Aunque los fundamentos macroeconómicos de España son considerablemente mejores que los de Grecia, Irlanda y Portugal, y los ajustes requeridos para reducir su déficit fiscal son manejables, la principal preocupación viene por el alto apalancamiento del sector privado, la fragilidad de parte del sector financiero de ese país y las posibles repercusiones de una crisis bancaria en la economía y las finanzas públicas de España.

Datos de JP Morgan revelan que España ha sido el país más dependiente del financiamiento externo durante la última década. La deuda externa neta del sector privado en España pasó de 63 mil millones a 1.1 billones de dólares entre el 2002 y el 2009 , revela la calificadora. Esta dependencia del apalancamiento permitió a España crecer de manera acelerada durante buena parte de la primera mitad de la recién concluida década.

El reto principal de la economía española es el desapalancamiento y refinanciamiento de esta gran deuda externa del sector privado. Durante los próximos 12 meses los bancos y cajas de ahorro españolas deben refinanciar cerca de 85,000 millones de euros, lo cual representa un reto complicado dada la percepción que hay sobre el estado de las finanzas de buena parte del sector financiero español.

Esta situación es parecida a la de Irlanda, donde el sector financiero de ese país, fuertemente afectado por la crisis inmobiliaria, fue el talón de Aquiles que obligó a Irlanda a recurrir al apoyo de la UE.

A pesar de las similitudes, las autoridades españolas han salido a defender la salud de su sector financiero, argumentando que los bancos y las cajas de ahorro salieron bien librados en las pruebas de solvencia aplicadas en julio del 2010. Aunque los gigantes financieros como BBVA y Santander no enfrentan problemas de refinanciamiento, las cajas de ahorro deben refinanciar cerca de 30,000 millones de euros durante el 2012, de acuerdo con datos de Bloomberg.

Bajo este entorno de desendeudamiento del sector privado y austeridad gubernamental, no resulta sorprendente que la economía española esté estancada.

A pesar del desapalancamiento, las razones financieras de endeudamiento al PIB podrían seguir deteriorándose debido a la falta de crecimiento del mismo. Aunque los mercados le han dado el beneficio de la duda a España durante los últimos meses, la situación sigue siendo complicada y la realidad es que hay pocos países con un nivel combinado de endeudamiento externo público y privado como España.