El análisis socio-histórico de lo que comen los atletas en las justas olímpicas nos permite acercarnos a saber cómo mantienen cuerpos que logran hazañas y proezas extraordinarias, además de que es un ejemplo de los cambios en el reconocimiento de la multiculturalidad y la investigación en las ciencias de la nutrición y el deporte.

En un trabajo de la investigadora Fiona E. Pelly y otros se analiza cómo los atletas se alimentaban en las diferentes justas olímpicas. Es remarcable que en las primeras olimpiadas de la era moderna, en Atenas 1896, los servicios de aprovisionamiento de comida estaban reservados sólo a los dignatarios y diplomáticos, y los atletas se tenían que procurar su propia comida. Algunos atletas se rehusaban a comer la noche antes de la competencia. Algunos llegaban a consumir el vino Retsina, y no tenían agua disponible durante la competencia.

Hasta antes de París 1924, los atletas buscaban el alojamiento como podían. En París, se instalaban algunos alojamientos comunales de los que eran excluidas las mujeres. A partir de ciertos documentos de los Comités Olímpicos, se han reconstruido los menús de los atletas y podemos darnos cuenta de la evolución en los mismos. En 1924 se instaló un servicio de comedor más en forma que ofrecía un menú ”occidental”: pan, mantequilla, mermelada, jamón, huevos, carne, pescado, verduras, queso, fruta, vino, cerveza y agua mineral. Es hasta 1932 que se instaura la primera Villa Olímpica oficial con el desafío también de instalar el primer servicio de comedor para todos los atletas de la justa.

Los menús se hacían con un modelo general que se adecuaba a alguna petición de los países. Se pedían suplementos de Ovomaltina o de maltosa. El Comité Olímpico en Berlín fue más cuidadoso sobre los suplementos alimenticios y de ahí se desencadenó una investigación sobre lo que comían los atletas, por cuestiones de dopaje. Los servicios de alimentos en los JJ. OO. no han estado exentos de problemas: en Londres 1948, en plena posguerra, el racionamiento de comida estaba en su apogeo y se tuvo que dar un permiso especial para que se pudiera hornear para los atletas.

La diversidad cultural de los menús poco a poco se fue contemplando. En México 1968 se distinguió el servicio de comida porque se incorporaron algunos platillos típicos mexicanos para los atletas extranjeros, hecho que se retomó en Barcelona 1992. Los intentos por abarcar la diversidad culinaria fueron variados, así en Melbourne se ofrecían menús para judíos ortodoxos y en Roma se dividió la comida del mundo en nueve tipos de comida. Es hasta Munich 1972 donde verdaderamente se integró la ciencia de la nutrición en los menús pre, durante y post entrenamiento, donde se daba especial énfasis a los carbohidratos, un grupo de alimentos hasta entonces poco considerado para el rendimiento. Los Ángeles 1984 marca un hito en la organización del servicio de comida por la extensión del área y la cantidad de comidas servidas. En las Olimpiadas de Atlanta 1996 atletas chinos se quejaron por la falta de diversidad y a partir de las siguientes ediciones se instalaron kioscos de nutrición, en los que además se proveía información sobre el contenido nutricional de las comidas. Con estos datos atestiguamos la evolución en la integración de la nutrición y la cultura alimentaria además de probar nuestra relación cambiante con los alimentos a través de los tiempos.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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