El año próximo habrá elecciones para gobernador en 13 estados, incluido Colima, para repetir la elección anulada por el Tribunal Electoral federal.

También en Puebla, Oaxaca y Sinaloa, donde hace seis años llegó la alternancia política a través de alianzas anti-PRI, encabezadas por el PAN y el PRD.

Trece estados, sumados a tres en el 2017 (Coahuila, Estado de México y Nayarit), significan más de la mitad del país convocado a votar. De ahí que el año próximo sea la aduana para llegar a la meta del 2018.

Las condiciones específicas de estos comicios pondrán a prueba a todos los actores políticos. Para empezar, a los nuevos liderazgos partidistas.

Manlio Fabio Beltrones buscará al menos conservar los nueve estados que hoy gobierna el PRI: Aguascalientes, Chihuahua, Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas. Dos lecciones dejaron los triunfos y derrotas este año: la importancia de seleccionar un candidato competitivo y los costos (en imagen y potencialmente en sanciones) de llevar un socio electoral que se ufana de transgredir la ley.

Ricardo Anaya deberá sortear la fractura interna del PAN, obligado a conseguir algún triunfo importante, por ejemplo en Puebla, donde ahora despacha uno de sus aspirantes presidenciales. De los estados en contienda, han gobernado además Chihuahua y Tlaxcala. Por ello, deberán evaluar los resultados y la conveniencia de repetir las alianzas ganadoras en el 2010. Después de todo, aún quedan bastiones donde no ha habido alternancia (Durango, Hidalgo, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz).

Dura prueba para el PRD y su subsistencia como opción política. Ya fue gobierno en Zacatecas y Tlaxcala y, de los tres gobernadores que abanderó en alianza con el PAN, sólo Oaxaca ha permanecido afín a la izquierda, pero con un desempeño muy cuestionable. De confirmarse la llegada de Agustín Basave, respaldado por los Chuchos a la dirigencia nacional, habrá mayores posibilidades de acercamiento con los panistas.

Dos temas adicionales definirán las contiendas. Por un lado, las posibles candidaturas independientes. Luego de dar la sorpresa este año, el temor que causaron en la partidocracia ya provocó legislaciones anti-Bronco al vapor en algunos estados. Pero la clara lección es que el desencanto ciudadano buscará salidas a pesar de los obstáculos.

Por último, la actuación de los gobernadores salientes. La resolución del Tribunal en Colima manda un fuerte mensaje de contención a los ejecutivos locales obsesionados por manipular, a favor o en contra, los comicios.

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