¿Popularidad? Eso es la gloria en centavos.                   

Víctor Hugo

 

El próximo domingo 31 de octubre culmina la primera parte del periodo presidencial de 70 meses para el que fue electo Andrés Manuel López Obrador, cuya perseverancia y paciencia le permitieron alcanzar su sueño de ser Presidente de México.    

Durante los 35 meses que lleva su gobierno ha hecho principalmente política partidista y electoral para dominar, ejercer el poder, mandar, ser obedecido, hacerse temer e imponer una lealtad ciega a los legisladores y colaborades afines a su partido. Su gestión se ha caracterizado por una concentración personal del poder, una preocupante ausencia de visión de futuro y la falta de coincidencia de las prioridades del Presidente con los retos nacionales. 

A pesar de que culmina la primera parte de su mandato, a casi tres años de gobierno, parece que nuestro Presidente desconoce y carece de experiencia en asuntos de Estado, no ha demostrado ser un estadista. 

Las acciones impulsadas por el inquilino de Palacio Nacional se han dirigido a la destrucción o al menos al debilitamiento de nuestro orden constitucional, republicano, federal, con división de poderes y órganos autónomos, de los equilibrios y de la actividad empresarial, así como por el aumento de las tareas civiles a los militares, por citar algunas de las nocivas medidas.

No parece conveniente que el Presidente López Obrador se aferre en implantar modelos del siglo pasado que se aplicaron en circunstancias totalmente distintas a las actuales, no sólo a nivel nacional, también en el marco mundial. Parece no haber percibido la evolución universal de los últimos cincuenta años y los retos globales como el cambio climático.

Esa obsesión por volver al pasado, en una versión sinsentido, se ha traducido en cancelación de proyectos de largo plazo y de gran calado, obras de infraestructura, mecanismos, sistemas y fondos, entre otros, que sólo han propiciado efectos nocivos en la vida nacional en aspectos fundamentales como son la seguridad pública, la economía y la salud. 

Si en cada sexenio se han sumado más corruptos, más pobres y más muertos, parece que este podría ser el campeón. 

Llevamos décadas esforzándonos por elevar los niveles de desarrollo y en varias ocasiones, cuando parecía que nos acercábamos a esa meta, otro golpe de timón, en esta ocasión, para meter reversa. No parece tener sentido el constante esfuerzo del gobierno por modificar la historia. Lo hecho, hecho está. 

En vez de estar mejor, tristemente estamos peor, así lo revelan indicadores que confirman el decaimiento en prácticamente todos los renglones de la vida nacional. A continuación, algunos datos: México ha descendido en la actual administración en la lista de los países con menor corrupción, pasamos de ocupar el sitio 117 al 121 de 135 países; la inflación actual es del 6.1%, en el sexenio pasado bajó hasta el 2.1%; en el 2020 desaparecieron un millón de pequeñas y medianas empresas, este año 750 mil, y la reforma energética de 2013 propició que la CFE dejara de ser una empresa deficitaria, hacia finales de 2018 reportó utilidades por más de 27 mil millones de pesos, el año pasado dejó pérdidas por 85 mil millones de pesos.   

El Mandatario impulsa distracciones y evasivas, muchas veces denostando, insultando, amenazando o difamando al utilizar los recursos públicos en su propaganda y culto a su personalidad que le permiten una abrumadora presencia en los medios a partir de sus cotidianas apariciones en sus charlas matutinas. Esa es la principal razón de que su popularidad se haya mantenido a buen nivel, tal y como lo ha publicado el Financial Times, lo que demuestra la buena fe de muchos de sus seguidores que todavía tienen la ilusión de un mejor país, pues en esas múltiples apariciones se les dice que las cosas son mejores de lo que son, no sólo que vamos bien sino “requete” bien, sin que ello sea cierto. 

Cuando la realidad los alcance, como a cada vez más mexicanos, la decepción será descomunal. 

Es tiempo de abordar y atender los serios problemas que afectan al país como la ausencia de resultados de las estrategias gubernamentales de seguridad pública que se observan en la cada vez mayor pérdida de control territorial por parte del Estado ante el crimen organizado; la distracción del ejército en cada vez más tareas civiles; los problemas de salud pública, como la falta de medicamentos, y la crisis económica.

Es indispensable, tal y como lo reclaman cada vez más mexicanos e insisten también las autoridades de los Estados Unidos, atacar a los cárteles de las drogas en vez de ofrecerles abrazos y liberar a sus cabecillas.

No conviene seguir ignorando que uno de los renglones más descuidados y lastimados es el de la concordia, el de la cultura de la paz. El tejido social es crecientemente deteriorado.

Insistimos en que uno de los pilares para actuar con visión de futuro es la utilización del diálogo para superar la polarización. 

La convivencia pacífica, la concordia y la cultura de la paz son renglones de la vida nacional que merecen atención. Las tensiones sociales se reflejen de muchas maneras y sus manifestaciones las tenemos a la vista con espirales de violencia que se expresan en asesinatos, masacres, secuestros, tráfico de personas, desplazamientos involuntarios, cobros de derecho de piso y polarización que parecen no tener fin y que, sorprendentemente, parecen ser tolerados por el gobierno.

Vivimos en una sociedad en la que los conflictos no son una excepción, forman parte de la normalidad. En nuestro país, lamentablemente, se gestionan con mayor frecuencia de manera violenta.  

Hasta ahora el gobierno no ha dado oportunidad a una transformación cultural para que la solución de las controversias o conflictos se pueda encontrar, en muchos casos, con su participación institucional y de esa forma construyamos un mejor futuro.

Utilicemos el diálogo para superar la polarización y los desencuentros. 

Deseamos que los siguientes 35 meses sean benéficos para México, estemos unidos y preparados para lo que venga.

*El autor es abogado y mediador profesional.

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Pascual Hernández Mergoldd

Abogado y mediador profesional

Columna invitada

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