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Opinión

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Imposible no hablar de Compartamos

En todas las Cumbres de Microcrédito aparece el fantasma de Compartamos. En la reciente Cumbre celebrada en Mérida se volvió un trending topic, tema del momento. Es de notar la mínima presencia de los medios mexicanos, ni los especializados, en esta Cumbre. Pasó de noche. Sin embargo, una de las sesiones más polémicas tuvo que ver con las tasas de interés, ganancias, precios responsables, ética y transparencia en México.

Un apasionado defensor de las microfinanzas y simultáneamente agudo crítico, Chuck Waterfield, CEO de Microfinance Transparency, no perdonó a las microfinancieras mexicanas (MFM). En el tema Cómo construir mercados que tengan en cuenta a los pobres , se refirió en particular al precio del microcrédito.

Mostró los precios cobrados por siete MFM: por un préstamo de 500 dólares, el rango va de 150 a 320% (CAT). Se pregunta: ¿Por qué tanta gente paga voluntariamente estos precios? Porque los precios financieros son extremadamente difíciles de entender. Además, un amplio porcentaje de pobres en México tienen varios créditos, cada uno de ellos con tasas arriba de 100 por ciento. Bajemos las tasas .

De ahí se preguntó: Como industria, debemos plantearnos la cuestión: ¿existen límites éticos a las ganancias? Quizá la respuesta es no. Si es así, debemos claramente establecer esto como parte de nuestra definición de prácticas responsables.

Compartamos tuvo en el 2013 utilidades de 275 millones de dólares (1 millón diario). Distribuyó a sus accionistas 200 millones de dólares -cada centavo de las utilidades provino de una mujer que está luchando. ¿Cuánto es demasiado?

Sorprende todavía más que Compartamos acaba de ser certificado por Smart Campaign, gracias a sus prácticas responsables. Uno se pregunta qué significa prácticas responsables, cuando cada uno de sus acreditados en el 2013 transfirió 78.2 dólares a los accionistas. Es decir, los más de 2 millones y medio de acreditados (98% mujeres) incrementaron la riqueza de unos pocos empresarios. No sorprende que, entre otras causas, la pobreza en México se ha profundizado. Los microcréditos, cuando tienen tasas superiores a 70%, han resultado un excelente instrumento para transferir el dinero de los muchos pobres a los pocos ricos.

El argumento para mantener elevadas tasas, repetido constantemente, es: México es el país que otorga los préstamos más pequeños de AL (...) Atendemos a quienes otros no atienden. El costo más elevado de un crédito es el costo operativo, no las utilidades . Además, falsamente mencionan que cobran la misma tasa de interés que otras microfinancieras y que en México los márgenes de utilidad son los más bajos de todo el continente . Increíble esta afirmación, cuando en el 2013 Compartamos fue el banco más rentable del sistema bancario mexicano.

La cuestión de fondo es qué función juegan las microfinancieras y cuál jugarán en el futuro. Tres preguntas no pueden eludirse: ¿qué precio establecemos a los créditos para los pobres? ¿Cuántas utilidades hacemos de los pobres? ¿Cuánta deuda alentamos que adquieran los pobres? Estas preguntas tienen dos marcos de respuesta: el marco ético y el marco económico. No son excluyentes, pero sin el primero estamos ante una expresión viva del capitalismo salvaje.

* Experto en microfinanzas. Coordina Cosechando Juntos lo Sembrado, SC.

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