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Extremismos

Foto: AFP
Parecería que el mundo perdió el centro. Y aquello de que había que vivir en el “justo medio aristotélico” se volvió sólo una cita del filósofo griego más que un sabio consejo para una buena vida. Me atrevería decir que existe hoy una mayor tendencia a afiliarse a los extremos y a desechar fácilmente las posturas más ponderadas o sensatas. Con el arribo de los populismos en este agitado siglo XXI la polarización del planeta aumentó y está convirtiéndose en una forma de hacer política para una buena parte de los gobernantes del mundo. Desde luego resulta más sencillo el maniqueísmo, el todo o nada, el sí o el no, el blanco o negó que el complejo universo de los grises que requiere pensar dos veces antes de tener una opinión o una respuesta.
No, no es la primera vez, ni de lejos, que los humanos se decanten por este recurso facilón de dividir en buenos y malos a la sociedad. En el fondo, todas las guerras se tratan siempre del conflicto entre los que tienen supuestamente la razón contra los que dizque no. Y ahí vamos los humanos, una vez más a tropezarnos con la misma piedra. Actualmente (bastan los ejemplos de España y Francia) vemos como crecen los partidos de ultraderecha o de ultraizquierda y los de en medio van haciendo chiquitos y poco atractivos. ¿En qué estaremos pensando?
Dice Moisés Naim, estudioso de la autocracia venezolana, que los líderes populistas más que gobernantes son estrellas o rock stars, no para sus seguidores si no más bien para sus fans. Tu le vas a un equipo de futbol y no al otro, no por las razones que hacen a uno mejor que al de enfrente, más bien es una especie de fanatismo ciego que te hace seguir, digámoslo en mexicano (gane o pierda) a las Chivas o al América y ya está. La corteza cerebral no juega un papel importante para que te vuelvas “hincha” de uno o de otro, no más es así y no hay forma de explicarlo. Hace apenas unos días nos enteramos de cómo una camiseta de Maradona se subastó en más de cuatro millones de dólares no más por el interés de sus admiradores de contar con una prenda que había sido sudada por el argentino. ¡Órale!
Pero… esto no es todo, como bien sabemos las llamadas “barras futboleras” son capaces de golpear, aplastar e incluso asesinar a sus contendientes en la insensata emoción de un partido. La polarización genera este tipo de pasiones. El pueblo bueno y sabio reverencia al autoritario como si se tratara de una rutilante estrella del deporte o como decía del rock. En estas condiciones las emociones enfebrecidas están al rojo vivo y no importa para los seguidores ni la realidad ni los datos duros. Así de difícil y de fácil.
Los lideres carismáticos siempre me han intrigado. Me pregunto que misterioso encanto tienen estas personalidades ególatras que usan y manipulan a los que los aplauden y con los que comparten un odio y deseo de venganza hacia los que están en el extremo opuesto. La pócima de la polarización como vemos es un ingrediente invaluable que alimenta plenamente a los extremos. En eso estamos.
Espero que una vez más el mundo recapacite y volvamos a esa intensidad serena del esquivo centro.
