Las primeras encuestas de posicionamiento rumbo al 2018 colocan a López Obrador a la cabeza del reconocimiento y preferencias ciudadanas.

Parecería consecuencia lógica del nivel de exposición del personaje que ha hecho campaña ininterrumpida desde hace una década y hoy, a 30 meses de la elección presidencial, es el único contendiente que tiene asegurado un lugar en la boleta.

De ahí que el desbocado protagonismo de AMLO esté encendiendo las alarmas en los demás partidos y que surjan voces que propongan cerrarle el paso vía una reforma electoral.

Ciertamente, el modelo de comunicación política vigente necesita cambios. Pero otra reforma con destinatario personal no sería la mejor idea, porque tendrá el efecto no deseado de generar un segundo desafuero y convertir a López Obrador nuevamente en víctima del sistema.

Todo lo contrario. En su carácter de aspirante presidencial y ahora como dirigente nacional de un partido político, a AMLO habrá que enfrentarlo como lo que es: un político del sistema. De hecho, el de mayor trayectoria partidista, militante y dirigente en tres fuerzas políticas: PRI, PRD y ahora Morena.

Pero, sobre todo, habría que entender la razón del respaldo popular a su discurso contestatario; encontrar los factores que generan irritación social frente a la partidocracia.

Existe el reclamo recurrente de la población sobre la economía y la inseguridad. Pero el tema que hoy permea a toda la clase política es la corrupción. A pesar de las reformas estructurales y de los avances paulatinos contra el crimen organizado, el país pierde espacios por la ausencia de legalidad y la rampante impunidad. Y no habrá mejoría posible si en estos rubros seguimos en el último lugar de los países de la OCDE y por debajo de nuestros socios comerciales.

Dice Luis Rubio que el problema no es el Estado sino el sistema. Efectivamente, necesitamos un sistema que acuse recibo del hartazgo ciudadano y de las causas que lo alimentan.

Lograr que los delitos tengan consecuencias ayudará mucho más a la credibilidad del sistema y los partidos que legislar con dedicatoria, otra vez.

El caso Escobar

Es de esperarse que la denuncia de la Fepade en contra del hoy ex subsecretario de Gobernación y líder del PVEM, Arturo Escobar, se convierta en ejemplo de autonomía y aseo jurídico. Si hoy la corrupción destaca como el mal mayor, los ciudadanos necesitan ver sanciones ejemplares en ese sentido.

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