El pasado 24 de junio, los turcos celebraron elecciones presidenciales y parlamentarias en medio de un nuevo y controvertido marco constitucional que, tras el referéndum de abril del 2017, transformó el régimen político turco de parlamentario a presidencialista. El cargo de primer ministro desapareció y todo el Poder Ejecutivo pasó a manos del presidente que, además, extiende su mandato de cuatro a cinco años.

Recep Tayyip Erdoğan, presidente desde el 2014, pero con más de 15 años de dirigir el destino de su país, se enfrentó a tres opositores: Meral Akşener, musulmana conservadora de 63 años, única mujer candidata a la presidencia y fundadora del Partido Bueno (IYI); Muharrem Ince, un socialdemócrata laico de 54 años, militante del opositor Partido Republicano del Pueblo (CHP), duro crítico de la política de Erdoğan y defensor de la república turca concebida por Kemal Atatürk en 1923, y Selahattin Demirtaş, un kurdo de 45 años que hizo campaña desde la cárcel. En noviembre del 2016, fue arrestado después del fallido golpe contra el gobierno, acusado de difundir propaganda del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Erdoğan se declaró ganador de la presidencia después de que la alianza que lo postuló entre el Partido Justicia y Desarrollo (AKP) y el Partido del Movimiento Nacionalista (MHP) lograra superar, en primera vuelta, 50% de la votación. La alianza obtuvo además la mayoría en el parlamento, lo que supone ponerle límites a los partidos de oposición; la reelección del ahora jefe de Estado y de Gobierno supone también un impulso para su agenda neootomana, la cual representa un desafío para Estados Unidos y la Unión Europea, y significa el fortalecimiento de sus vínculos con Rusia e Irán, con quienes trabaja para solucionar el conflicto armado en Siria sin tomar en cuenta a Estados Unidos.

Sin embargo, la nueva presidencia de Erdoğan enfrenta retos. Su gobierno ha perjudicado los derechos humanos y las libertades fundamentales de buena parte de la población; ha encarcelado a más de 150 periodistas y arrestado a más de 160,000 personas por sus ideas políticas. El paro laboral, la inflación de dos dígitos, el déficit de la cuenta corriente, la desconfianza de los inversionistas extranjeros y de la banca para conceder créditos, también están pendientes la decisión mantener o no el estado de emergencia impuesto a la sociedad desde julio del 2016, la solución del conflicto kurdo, la guerrilla urbana en el sureste, los casi 4 millones de refugiados sirios que acampan en Turquía y el proceso de adhesión turca a la Unión Europea que pende de un hilo a causa del retroceso democrático.

Erdoğan durará en la presidencia hasta el 2023. Durante los próximos años, invertirá todo su poder para lograr una Turquía dominada en su totalidad por los valores islámicos. En el 2023 será el centenario de la fundación de la república turca por Atatürk y Erdoğan será el califa del mundo islámico.