La operación liderada por Estados Unidos para asesinar al general iraní Qasem Soleimani no sólo provocó una escalada de la inestabilidad en la zona de Medio Oriente, sino que echó abajo los enormes esfuerzos de la comunidad internacional en materia del acuerdo nuclear con Irán.

El ataque estadounidense reduce la probabilidad de que Irán mantenga el freno en la investigación y desarrollo de armamento nuclear como lo acordó en el 2015 con los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Francia, Reino Unido, Rusia y China) junto a Alemania. (También se sumó al acuerdo el presidente Barack Obama, pero Trump decidió salir en octubre del 2018.)

El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) había supervisado el cumplimiento del acuerdo por parte de Irán. ¿Por qué razón Estados Unidos decidió lanzar un ataque en contra de Soleimani en un tercer país, Irak, violando flagrantemente la soberanía del país?

El embajador de Irán en México, Mohammad Taghi reiteró a El Economista que “creemos que el mundo debe de mantenerse firme en contra de la violación del derecho internacional”. Sobre la salida de EU del acuerdo nuclear, Taghi señala que “(Estados Unidos) destruye todos los logros del multilateralismo”.

Algo similar ocurrió en Libia cuando Estados Unidos y la OTAN decidieron asesinar al dictador Gadafi (20 de octubre del 2011). Desde ese momento y hasta el día de hoy, Libia es un Estado fallido “dirigido” por dos presidentes.

Los rehenes de la política estadounidense son los países de la Unión Europea que apostaron parte de su activo diplomático en la paz y la estabilidad en Irán, junto a China y Rusia, y no sólo en la región del Medio Oriente sino particularmente en el tema del desarme nuclear.

La Unión Europea ahora suma el tema de Irán al conflicto sirio a su mapa geopolítico crítico del que no ha logrado sortear los temas de terrorismo y migración. Sin embargo, podría ser peor, porque Irán no es Siria, debido a que tiene más capacidad para articular una respuesta militar.

Florece un fenómeno paradójico: Estados Unidos se enfada con sus socios europeos por no incrementar el gasto militar en la OTAN, y al mismo tiempo socava sus políticas sobre el tema del acuerdo iraní. Situación insólita que revela cierta debilidad de la política exterior que condujo Federica Mogherini, la que fuera alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores hasta hace un par de meses.

En efecto, resulta ser un acto cínico de Estados Unidos el desestabilizar la región para, posteriormente, solicitar a los europeos abrir su cartera para incrementar el porcentaje de gasto militar sobre el PIB de cada miembro de la OTAN.

Estados Unidos ha mandado una señal a sus socios: su estrategia sobre Irán está mal planeada. El impacto sobre la salida del acuerdo nuclear y el asesinato del general Soleimani fueron medidos de manera equivocada, pues han dejado un escenario cercano a la guerra. Un claro ejemplo es el avión ucraniano que fue derribado al inicio de año en Teherán.

¿Cuál es el papel de México en la crisis iraní? La inercia nos invita a pensar que poco tenemos que ver en un conflicto lejano; sin embargo, un país que desea solucionar sus problemas internos está obligado a proponer respuestas en el exterior. No es una materia optativa. Es una condición necesaria para madurar como nación.

¿México sólo puede hablar sobre conflictos en el exterior ofreciendo diálogo o tendría que dar una paso al frente alzando la voz, alertando sobre los riesgos que representa para la seguridad internacional el comportamiento erróneo de Estados Unidos? Otras naciones han dado un paso al frente, ¿por qué razón el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, no lo hace?

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Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.