En el primer día del Summit de la Singularity University en Puerto Vallarta, tuve la fortuna de encontrarme con más gente entrañable. Luego de que Vivian Lan, la directora, me contara su historia de cómo reunió a través de Facebook el dinero suficiente para alimentar a 20 mil personas en Kenia, en medio de una catástrofe humanitaria (la sequía del Cuerno de África de 2011), me reúno con un emprendedor de San Luis Potosí que tiene la desfachatez de exportar robots al país de los robots: Japón.

Marco Mascorro es ese emprendedor, y su historia, curiosamente, igual que la de Vivian, igual que la del joven Julián Ríos, a quien conoceré una hora más tarde, tienen algo en común. Ese algo es lo que comparten muchos de los cerebros que estudian en la Singularity University, precisamente porque, como dijimos en la entrega anterior, esta casa de estudios tiene el objetivo explícito de mejorar al mundo.

La historia de Mascorro refleja un verdadero espíritu empresarial, pero también una voluntad de aprovechar la tecnología para hacer algo por los demás. En la Singularity conoció a Dan Barry, un astronauta que viajó tres veces al espacio en el Columbia, y que vio en el mexicano a un cerebro con el que se quería asociar. Empezaron su empresa, llamada Fellow Robots, en Silicon Valley, diseñando un robot para las tiendas de autoservicio que ayuda a los clientes a encontrar lo que necesitan. Ahora exportan robots a Japón y Estados Unidos, y están pensando en mejorar cada vez más la inteligencia artificial para que estas máquinas empiecen a tomar decisiones de inventario, volviendo todavía más fácil la administración de las tiendas.

Pero un evento extraordinario fue el que marcó su carácter. En el mismo año en que Vivian Lan tenía su experiencia en África, él se encontraba en Japón, cuando sobrevino el tsunami de Fukushima. Hoy lo tenemos bastante olvidado, pero en esos momentos lo que la gente necesitaba saber a ciencia cierta era cómo estaban los niveles de radiación en esa zona y en el resto de Japón, y el gobierno no estaba ofreciendo información suficiente. Marco creó un aparato casero para medir dicha radiación y viajó de Tokio a Fukushima para ofrecer ayuda.

La historia de Julián Ríos también surge de un momento de definición, que surge del amor por los demás. Nacido en Monterrey apenas hace 18 años, a los 15 decidió inventar algo para que las mujeres puedan detectar tempranamente el cáncer de mama. Lo que lo motivó es que su madre tuvo esta enfermedad en dos ocasiones, y la segunda vez obtuvo un diagnóstico muy tardío, además de que la mamografía falló en detectar dos tumores, que se dejaron evolucionar hasta que la enfermedad llegó a fase 4. Ahí se dio cuenta de la falibilidad de los métodos actuales, empezando por la mamografía, pero sobre todo la autoexploración, que no duda en criticar. “Me di cuenta de que no había nuevas tecnologías –comenta–. La mamografía lleva 50 años y el ultrasonido ni se diga. Y la autoexploración es un desgracia, porque es muy incierta. Ahí comencé a involucrarme con esto y decidí fundar una organización”.

El resultado fue Eva, un brasier de biosensores que funciona con inteligencia artificial y que detecta el cáncer en etapas tempranas (cuando la esperanza de vida es superior al 90%). Eva no es invasivo, pues las mujeres sólo lo tienen que usar durante 60 minutos a la semana, y el proyecto, que fue respaldado por la empresa Higia Technologies, apunta a reducir drásticamente la brecha entre la detección del cáncer y el inicio del tratamiento, que en México llega a ser de hasta ocho meses, lo cual es prácticamente una sentencia de muerte.

Julián Ríos no quiere sustituir la mastografía, pero sí la autoexploración. “Imagínate que yo te dijera que pusieras la vida de tu ser más querido en un método que consiste en poner dos dedos en el pecho. La autoexploración es subjetiva, falible y no hay ningún estudio que avale que realmente reduzca la mortalidad por cáncer. Lo seguimos recomendando en México porque no tenemos la infraestructura, pero en Estados Unidos los médicos, por protocolo, no recomiendan este método. Con Eva podemos reemplazar por completo la autoexploración y ofrecemos un procedimiento que se puede usar desde casa, lo que, unido a la mastografía, crea un sistema mucho más efectivo”.

Ríos estaba destinado desde pequeño para grandes cosas. A los 13 años se convirtió en el miembro más joven de la Sociedad Astronómica de México y daba pláticas ahí de mecánica cuántica, relatividad y agujeros negros. “Me apasionaba muchísimo”, dice.

El proyecto de Eva nació en México pero ya ha llegado a países como España, Colombia, Estados Unidos, China o Pakistán. En este último país un invento como éste resulta esencial, puesto que las mujeres no tienen decisión sobre sus propios cuerpos. Para acudir a una mastografía, una mujer debe tener la autorización de su esposo, su hermano o su hijo mayor, y los resultados no se le entregan a ella, sino al varón, quien decide qué se hace con ello. Eva les ayuda a las mujeres pakistaníes a empoderarse y tener un monitoreo constante y personal de su salud.

Julián Ríos ganó el primer lugar del concurso Global Student Entrepreneur Awards, en Frankfurt, Alemania, entre emprendedores de diferentes partes del mundo, convirtiéndose en el ganador más joven de la historia de ese evento. Marco Mascorro también es un emprendedor sobresaliente a nivel global: fue reconocido por el MIT como uno de los más sobresalientes de Latinoamérica. Advierto que hay algo que une a Julián, a Marco y a Vivian Lan Agami, quien tiene el privilegio de traer a la crema y nata de la Universidad de la Singularidad a México, a través del Summit. Lo que los une es la impronta humanista.

Me siento privilegiado de conocer a gente así. Me da alivio saber que existen, que están haciendo realmente algo, que están innovando, que están rompiendo esquemas. Que les importa muy poco que alguien piense que exportar robots a Japón es una pésima idea, porque es el primer exportador del mundo de estos artefactos, o que si tienes 15 años y no has estudiado medicina no eres apto para crear una empresa que ayude a la gente a prevenir enfermedades mortales. Para ellos, apasionados de la tecnología, antes que las máquinas, y antes que ninguna otra cosa, está lo humano. Hacen honor al anhelo de los estudiantes de la Singularity: impactar la vida de millones de personas. Quizá eso es lo que haga que resalten de esa manera.

José Manuel Valiñas

Analista de temas internacionales

Planetario

José Manuel Valiñas es articulista de política internacional. Dirigió la revista Inversionista y es cofundador de la revista S1ngular.

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