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Opinión

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El tapering y las economías emergentes (2 / 2)

En la última edición de Sin Fronteras abordamos el tema del posible impacto del tapering, es decir, la disminución gradual de las inyecciones de liquidez por parte de la Reserva Federal (Fed) sobre las economías emergentes.

Varios analistas anticipan que el tapering podría provocar una salida masiva de flujos de los países emergentes, provocando una depreciación importante en la mayoría de sus monedas y desatando una crisis como la de 1997, que fue originada en varias economías asiáticas y que después se contagió al resto del mundo emergente.

Aunque no hay que desestimar estos riesgos, es necesario destacar que no todas las economías emergentes están en la misma situación y que además hay diferencias importantes entre las circunstancias prevalentes en 1997. Pero, antes de analizar las diferencias, empecemos por las similitudes entre el 2013 y 1997.

Tanto en 1997 como en la actualidad, ha habido un crecimiento importante los niveles de apalancamiento del sector público y privado y un deterioro de la situación de cuenta corriente en varias economías emergentes, principalmente en países asiáticos como India e Indonesia (dos de las economías más grandes de Asia emergente).

Al igual que en 1997, esta situación se ha dado de la mano de una apreciación de las monedas, un alza en los mercados accionarios y un boom en los mercados inmobiliarios. Esta situación ha sido financiada en buena medida por los grandes flujos de capitales que han invadido a Asia emergente en búsqueda de retornos más atractivos a los ofrecidos por las economías desarrolladas.

Adicionalmente, el fenómeno de la fuga de recursos se podría dar justo en medio de un período de desaceleración económica significativa para la región. Hasta aquí, la situación se ve francamente pesimista.

Sin embargo, a pesar de las similitudes, hay ciertos factores que mitigan el riesgo de una reedición de la crisis de 1997.

Primero: a excepción de la Fed, ninguno de los principales bancos centrales del mundo desarrollado están por restringir su política monetaria acomodaticia ni recortar sus programas de inyecciones de liquidez durante los próximos 18 meses.

Segundo: en los ojos de varios expertos, la recuperación gradual de la actividad industrial en el mundo desarrollado debería traducirse en un repunte importante de la actividad económica de los países asiáticos, siendo el segundo trimestre de este año el punto de inflexión.

Tercero: a pesar del incremento en los niveles de apalancamiento del sector público y privado, éstos permanecen considerablemente por debajo de los observados en 1997 y se encuentran menos concentrados en grandes corporativos.

Cuarto: el desarrollo de los mercados locales ha permitido que gran parte del financiamiento del sector público y privado sea interno y denominado en moneda local, mientras que en 1997 casi toda la deuda era externa y denominada en dólares.

Quinto: los sistemas bancarios locales son mucho más robustos y están mejor capitalizados que en 1997.

Sexto: la creación de los fondos soberanos ha permitido la acumulación masiva de recursos que pueden servir de amortiguador y fuente de financiamiento local.

Todo esto nos lleva a pensar que una reedición de la crisis de naciones emergentes de 1997 es poco probable, aunque habrá países más susceptibles que otros y podría haber contagios temporales no merecidos. El caso particular de México lo analizaremos en la siguiente edición de Sin Fronteras.

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