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El réquiem de Shostakovich
Diversas personas que hacían fila la noche del sábado para saludar a Carlos Miguel Prieto en su camerino de la Sala Nezahualcóyotl comentaban que el noveno programa de la OFUNAM había sido el mejor de la temporada.
El cronista hizo suya esta opinión. Tras la intervención del violonchelista Carlos Prieto en las dos primeras obras, vivimos durante 61 minutos la intensidad de la Octava sinfonía de Dmitri Shostakovich (1906-1975).
El banquete musical se había iniciado con una grata sorpresa para quienes desconocíamos la Fantasía concertante para violonchelo y orquesta de Joaquín Gutiérrez Heras (1927).
Encontramos en esta obra de 12 minutos ciertos rasgos característicos del autor de uno de los catálogos más interesantes de la música mexicana.
La parte solista estuvo a cargo de Carlos Prieto, quien volvió a actuar, dirigido por su hijo, en el Concierto para violonchelo y orquesta número 1 de Saint-Saëns (1835-1921).
La interpretación de la Octava sinfonía queda para perpetua memoria.
Al cónsul general de España en México, al saludar a Carlos Miguel al final del concierto, comentó que es el equivalente en música del Guernica de Picasso.
La Octava, que en palabras de Shostakovich es su propio réquiem, desconcertó a sus compatriotas y provocó el rechazo de las autoridades soviéticas, pero hoy es considerada por muchos como la más intensa e interesante de sus sinfonías y el testimonio artístico más espeluznante sobre la tragedia de la Segunda Guerra Mundial.