Un fenómeno sin referente cercano en México que ya amenaza a la zona euro.

Eso de la deflación es algo que por acá por las tierras mexicanas no tenemos muy claro, porque si algo no hemos tenido en muchas generaciones es una inflación lo suficientemente baja como para que amenace con caer en el otro extremo.

Hay quien gusta llamarle deflación al registro de inflación negativa de mayo, por ejemplo, cuando se da la baja temporal en las tarifas eléctricas en ciertas partes del norte del país, producto del aumento en los subsidios.

Eso no es deflación, es una subvención pública para paliar los altos costos de la electricidad en épocas y lugares donde no es posible vivir sin aire acondicionado. Pero eso no es deflación, porque el jitomate, la gasolina y otros tantos productos siguen con su camino de alza.

La deflación es la baja constante de un importante grupo de precios en una economía. Algo que ya vivió recientemente Japón y de lo que apenas ahora parece salir. Y ahora es una amenaza que pende sobre la unión monetaria europea.

Que bajen los precios parece ser una oferta muy atractiva, siempre y cuando se haga el descenso en los bueyes de mi compadre. Porque aquél que no tenga un precio tasado para algún producto o servicio debe entender que el salario también es un precio susceptible de bajar en tiempos deflacionarios.

Piense en el deseo de comprar un bien duradero como una televisión o un refrigerador. Si usted requiere ese bien por ahí de octubre, es probable que se espere al Buen Fin de noviembre, porque ya sabe que es muy probable que baje de precio.

Pero en un ambiente deflacionario, cuando usted ya sabe que están bajando todos los precios, podría retrasar su decisión cualquier día del año y prácticamente, de cualquier bien o servicio, porque tiene la certeza que será en el futuro más barato.

Así, hasta que alguien decida que sus propios precios, incluida la mano de obra, serán más baratos mañana. Y en eso Europa tiene una complicación adicional, porque la tasa de desocupación es tan alta como 12%, con casos como España o Grecia por arriba de 25 por ciento.

La oferta abundante de mano de obra acaba también por tirar los precios de contratación, lo que provoca plazas laborales peor pagadas.

Y con una calamidad adicional, si tiene usted deudas ahí sí no llegaría la deflación. Se mantendrían las deudas en ascenso, afectadas por la tasa de interés acordada, contra los ingresos del que vende más barato o gana menos por la baja en precios.

La zona euro está, pues, en esa frontera donde muchos precios mantienen una caída que ya tiene en problemas a determinados sectores, pero todavía no es un problema sistémico.

El Banco Central Europeo tiene un pequeño margen, aún con sus tasas de interés, y podría eventualmente castigar los depósitos bancarios con tal de mover la moneda.

Lo primero que tiene que ocurrir es acabar con la negación de las autoridades comunitarias de que tienen un problema. Y a partir de ahí tratar de encontrar una solución.