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El descenso
Ante la acumulación de malas noticias ya no sé por donde empezar. Seguramente mi abuelita diría que lo que estamos viviendo es “el fin de los tiempos” y hay ocasiones, como esta, donde casi le doy la razón.
Quiero dejar constancia de que no soy una pesimista, ni estoy sufriendo de una depresión clínica, no más que la realidad es terrible y no me queda más remedio que reconocerlo.
Comencemos por la situación que vivimos en cuanto al COVID-19. La Organización Panamericana de la Salud nos dice hoy que en México los casos se han triplicado en menos de una semana. Reporta igualmente que mientras en Estados Unidos comienza a notarse una tendencia a la baja, en una buena parte de los estados del sur de nuestro país los contagios crecen al triple, o sea, desaforadamente. Añado algún dato adicional de lo que está sucediendo aquí, en nuestra CDMX: el 54% de los negocios han reportado contagios y se calcula el ausentismo laboral en alrededor del 30%.
Estos datos puros y duros nada tienen que ver con lo declarado en el mal llamado Pulso de la Salud por López Gatell que se empeña, al igual que el presidente, en repetirnos una y otra vez que vamos muy bien y que ya estamos (por enésima vez) de salida. El problema es aterrador y no se hace nada para prevenir los contagios. El semáforo da igual que sea amarillo, verde, rojo o negro, no se toman medidas, ni se dan apoyos, ni nada. Háganle como puedan o como quieran nos dice el Gobierno. Para acabarla de amolar, López Obrador dice que “no hay sustento para vacunar a los niños entre 5 y 11 años contra el virus” y que él tiene esa información de los responsables del Sector Salud. En fin…. Descendemos.
Otro de los temas tremendamente preocupantes para todos y especialmente para nosotros los periodistas, es la violencia desatada en contra de este gremio. Tan solo en lo que va de este año tres compañeros ejerciendo su profesión han sido vilmente asesinados en México. Por si fuera poco, hace unas horas y después de protestas y manifestaciones en toda la república, el presidente no menciona el tema ni reconoce explícitamente la gravedad de la situación. Más aún, nos enteramos hoy de la persecución automovilística y ataque a balazos a otro de los nuestros: José Ignacio Santiago Martínez, periodista de Oaxaca. ¿Qué está pasando en nuestro país? El Estado debe actuar, 28 informadores asesinados en el actual sexenio hacen que reclamemos urgentemente a las autoridades estatales y federales que cumplan su obligación de garantizar la seguridad de todos los mexicanos y protejan a los periodistas que literalmente se juegan la vida por defender la libertad de expresión. ¿Qué están esperando? En fin…el descenso.
Y no puedo dejar de mencionar en este recuento amargo de desastres, la muy difícil situación que enfrenta el mundo académico y científico hoy. En una maniobra oscura y truculenta la Sra. Álvarez Bullya reforma el estatuto general del CIDE y atenta nuevamente contra la autonomía de esta institución educativa. El objetivo para la patética directora del CONACYT es mover, despedir o contratar y modificar los reglamentos de este centro de estudios sin respeto alguno por los procedimientos legales ni, lo más grave, respeto alguno de la libertad de cátedra. Desde luego con esta operación el consejo directivo del CIDE pierde la facultad para formalizar o decidir nombramientos, como el director general (léase Tallaeche) entre otros. ¿Más claro?
Sin comentarios. Es evidente que estamos descendiendo y cada día, en el infierno, podemos descender un circulo más.
