Contrario a lo que muchos creen, los planes petroleros de López Obrador tienen metas bastante mesuradas. Cuando se lee con cuidado, su visión del contexto petrolero nacional no es particularmente generosa con el futuro. Si en algún momento en la historia de México se planteó “administrar la abundancia”, lo que se propone hoy en el plano técnico, lejos de la arenga pública, es “administrar inteligentemente los declinantes recursos petroleros del país”.

No es un dato aislado. En la página 189 del Proyecto de Nación 2018-2024, se plantea como meta que el promedio de producción de crudo durante la (en aquel momento potencial) administración de López Obrador sería 1.9 millones de barriles por día. Son 300,000 barriles diarios menos que el promedio que habrá producido la administración de Peña Nieto cuando concluya.

Para ser justos, sí se proyecta un ligero repunte respecto a la producción actual —de 1.8 millones de barriles diarios, pero es de sólo 33,000 barriles diarios por cada año. Esto equivale a un incremento anual de menos de 2 por ciento.

El dato tiene distintas implicaciones. Vale la pena empezar con una positiva: aun con las presiones y tentaciones retóricas de la campaña, el equipo económico de AMLO tuvo la prudencia de presentar proyecciones mesuradas en lugar de buscar apantallar y sobreprometer... al menos en exploración y producción. Parecen haber aprendido de los recurrentes errores de administraciones pasadas que lanzaron promesas petroleras incumplibles. La más reciente exageró la producción (que realmente se materializó) en 40 por ciento.

El resto de las implicaciones no necesariamente son tan halagadoras. El hecho de que a exploración y producción se le vea un potencial de crecimiento tan limitado en el corto plazo podría explicar la insistencia en invertir en proyectos más visibles pero que no necesariamente se han calculado con el mismo rigor y mesura. El Plan de Nación, por ejemplo, estima que el costo de cada una de las dos refinerías planteadas sería de 6,000 millones de dólares —un número que repetidamente se ha señalado como demasiado optimista. López Obrador, además, ha prometido que la refinería se finalizaría en tres años. Pero expertos de firmas reconocidas como Wood Mackenzie estiman unos cinco o seis años como mínimo para que una nueva refinería con las características propuestas esté funcionando.

Regresando a exploración y producción, no hay que perder de vista que ésta ha sido la línea de negocio estrella de Pemex —la de grandes descubrimientos y, en su momento, enormes rendimientos exprimidos por el Estado. Si hoy se le percibe como poco emocionante, con muy limitadas perspectivas de crecimiento, no debería sorprendernos que la apuesta para el director general de Pemex se pueda encarrilar hacia un perfil más de administración pública o gerencia política que de hombre o mujer de negocios visionario y transformador. En este caso, la idea de la declinación que sólo se puede administrar, pero no atajar de fondo, parecería destinada a convertirse en una profecía destinada a autocumplirse.

Finalmente, que México se entienda a sí mismo como limitado a administrar “recursos declinantes” contrasta profundamente con las optimistas perspectivas petroleras globales. Allá afuera, con inversión competitiva y desarrollo tecnológico sostenido a lo largo del tiempo, las reservas probadas se han multiplicado. La producción sigue creciendo. Y hoy ya ni se alcanza a proyectar un momento en el tiempo en el que la oferta sea insuficiente. Si acaso, la demanda será la que empiece a disminuir primero, gradualmente. En el mundo, estamos viviendo en una época de abundancia, no escasez petrolera.

Reconocer que México ha entrado a una época de “petróleo difícil” en la que va a ser más complicado aprovechar nuestros recursos que en las épocas de oro de Cantarell, como el Plan de Nación parece hacerlo, es un buen punto de partida. Pero, más que quedarnos con expectativas a la baja, ¿no valdría la pena voltear a ver afuera y entender qué herramientas ha usado la industria petrolera global para poder prosperar aun en esta etapa?

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell