Tomando en cuenta el objetivo de iniciar procesos de transformación productiva, que detonen un desarrollo sostenido de largo plazo, en la visión de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) hay dos líneas de acción que son determinantes para la viabilidad y éxito: diversificación productiva y encadenamientos entre las distintas actividades de la economía.

La trascendencia de ambos aspectos, íntimamente relacionados y transversales en el diseño y ejecución de políticas públicas orientadas al desarrollo económico, es evidente en tres de las últimas ZEE declaradas por el presidente. Por un lado, Progreso, Yucatán, declarada el 18 de diciembre del 2017; por el otro, las comprendidas en el corredor Campeche-Tabasco, declaradas el pasado 17 de abril.

La diversificación complementará y enriquecerá sectores tan importantes en estos estados, como lo es el de los hidrocarburos (el cual tenderá a un nuevo periodo de pujanza con las inversiones que ha detonado la reforma energética). En ese sentido, la premisa es abrir canales de crecimiento emergentes, para los cuales se cuenta con vocaciones productivas y ventajas competitivas claras.

En el caso de Campeche y Tabasco, el planteamiento es reducir la dependencia y la vulnerabilidad respecto a un mercado cuya volatilidad es, probablemente, una de sus características más distintivas. La manera de hacerlo, consistente con la política pro-productividad, es incrementando el valor agregado de la economía local, tomando ventaja de las capacidades productivas que se han venido acumulando en las últimas décadas.

Ésta es una ruta que necesariamente hay que seguir para activar un dinamismo que tenga efectos sólidos y perdurables en esta parte del país y evitar recaer en la enfermedad holandesa. En promedio, durante los últimos 10 años, más de 28% del PIB de Tabasco proviene de la extracción de petróleo y gas; en Campeche dicha incidencia se acentúa aún más superando 62% durante el mismo periodo.

Con ese grado de dependencia, no es de extrañar que tras el drástico descenso en los precios del petróleo iniciado a mediados del 2014 —del que apenas comienza a verse una recuperación importante— en ambas entidades se viva una difícil recesión económica, con contracciones del PIB superiores a 5% en los últimos tres años e importantes pérdidas de empleos formales, que además del choque adverso en el ingreso de los hogares, los traslada a una posición de vulnerabilidad por la consecuente pérdida de la seguridad social.

Un dato esclarecedor, sobre todo para el sentido profundo del proyecto de las ZEE, es que en los últimos 10 años sólo en cinco estados aumentó el porcentaje de población en pobreza. Estas entidades, todas localizadas en el sur-sureste, son: Veracruz, Oaxaca, Chiapas y, nuevamente, Tabasco y Campeche. El shock que experimentó el mercado internacional de crudo sin duda contribuyó a que en Tabasco y Campeche la pobreza ganara terreno.

El caso de Yucatán es diferente, pero su historia comparte el peso de episodios de alta dependencia de un sector, como es el caso de la industria del henequén, a cuya caída siguió un largo periodo de estancamiento económico y aumento de la pobreza; de nuevo, síntoma de la enfermedad holandesa. En este caso, la diversificación económica llegó antes, gracias al trabajo en equipo de la sociedad yucateca en todos sus sectores. De esta manera, igual se promovió el turismo que una activa política de fomento a las actividades de innovación y a la economía del conocimiento.

Así, la sociedad del estado estableció el Sistema de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico, a lo que siguieron esfuerzos como la constitución del Parque Científico Tecnológico y la fundación de la Universidad Politécnica de Yucatán, que es la primera especializada en tecnologías de información y comunicación en México. La ZEE de Progreso no es más que un instrumento de fomento para materializar una oportunidad que el estado de Yucatán vio venir con la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales, consistente con una visión de largo plazo.

Sobre estos ejes deben correr las sinergias entre las ZEE y entre los estados que las albergan, para activar círculos virtuosos de complementariedad y encadenamiento productivo: la posibilidad de un relanzamiento industrial y agropecuario en el corredor Tabasco-Campeche, adicional al giro energético, se complementa y potencializa con los servicios y el desarrollo del clúster tecnológico yucateco.

Esta concepción está presente en el diseño de estas tres ZEE y en la lógica de su interacción, con el soporte de su ubicación estratégica y las vocaciones productivas que van a apoyarse con todo el paquete de incentivos fiscales y condiciones de negocios y desarrollo regional más ambicioso en la historia reciente de nuestro país.

En Tabasco, sectores como agroindustria, bebidas, plástico y caucho, así como maquinaria y equipo; en Campeche, también agroindustria, industria química, electrónico-eléctrico y la fabricación de plásticos. Yucatán, por su parte, con un pujante clúster de innovación en procesos, pudiendo alcanzar manufactura avanzada.

En esa ruta, se estima que la ZEE de Progreso atraerá inversiones por más de 3,100 millones de dólares en un plazo de 20 años, con una generación de más de 30,000 empleos. Su área de influencia se extiende a los municipios de Progreso, Kanasín, Umán, Hunucmá, Mérida, Conkal, Chicxulub Pueblo y Ucú.

En Tabasco, el potencial estimado de inversiones asciende a casi 1,500 millones de dólares en el mismo lapso, con alrededor de 21,000 nuevos empleos. Su Área de Influencia: Paraíso y Comalcalco. En Campeche, se espera que puedan ser creados más de 50,000 empleos a través de inversiones cercanas a 4,000 millones, más toda una cauda de impactos positivos, principalmente en los municipios de Campeche, El Carmen y Champotón.

Las ZEE deben de ser una variable adicional en la propuesta de valor de México.

Hoy país, empresas y personas estamos compitiendo con capital humano altamente cualificado y organizaciones disruptivas, innovadoras y audaces. Los países y los bloques se están reconfigurando, nuestros aliados y socios están transformándose rápidamente y la nación mexicana ha llamado a un cambio de época. Las ZEE deben de ser un diferenciador que sume al valor de México y haga ya de nuestro potencial una realidad atractiva para producir, conocer y vivir en toda la geografía nacional.

* Secretario ejecutivo de la Autoridad Federal para el Desarrollo de las Zonas Económicas Especiales.