La descentralización propuesta por Andrés Manuel López Obrador despertó voces en contra por su complejidad jurídica y administrativa, así como por los potenciales efectos perniciosos para los trabajadores.

Para algunos es tan sólo una ocurrencia de campaña, imposible de realizar. Para otros, los que la toman en serio, es un proyecto de desarrollo regional, una oportunidad de inversión inmobiliaria y en los servicios que los trabajadores y usuarios demandarán, así como una oportunidad para incrementar el nivel de vida de los trabajadores y sus familias.

Para los detractores es un cinturón autoritario que constriñe a una ocurrencia el destino de 2 millones de trabajadores y sus familias, para ellos, serían considerados como desplazados laborales. Sin lugar a duda, un proyecto de esta naturaleza, sin la planeación y el consenso adecuado puede generar inconvenientes que no sólo versan sobre el cambio de residencia, representan entre otras vicisitudes: cambio de escuelas de los hijos, la calidad de los servicios médicos en las ciudades propuestas, más ahora que suspenden el seguro de gastos médicos mayores, y empatar el empleo del cónyuge o de los hijos en los casos de las familias desdobladas, entre otros.

La descentralización mal gestionada podría significar la separación temporal de miles de familias. Hoy muchos trabajadores del gobierno federal viven en la zozobra y en la incertidumbre, ante la desinformación en torno al proyecto.

Por otro lado, también se encuentra la falta de oficinas y servicios en las ciudades designadas, basta señalar que para descentralizar las 29 entidades y dependencias se requieren al menos 4 millones de metros cuadrados de oficinas, mismos que hoy no existen en dichas ciudades, ergo habría que construirlas, la pérdida de los espacios afecta a la CDMX, así como los servicios periféricos que representan, desde las fotocopias, hasta servicios legales, peritajes, de alimentos y hospedaje.

Para los que estamos de acuerdo consideramos que es una herramienta de desarrollo regional, siempre y cuando se realice con la planeación adecuada, tiempos realistas, previsiones laborales, administrativas y de infraestructura. Dicho proyecto no puede ser apresurado requiere de una planeación y maduración importante; el nuevo secretario de hacienda, Carlos Urzúa Macías, tiene la última palabra.

La descentralización no nos debilita, nos fortalece potenciando las inmensas reservas de talento local. Ocurrencia o proyecto de desarrollo, descentralización o éxodo es cuestión de operación y consenso. Hasta la próxima.

EliseoRosales Ávalos

Abogado

Los mismos de siempre

Politólogo y abogado, académico, columnista, presidente de ciudadanos sin partido y orgulloso mexicano.