Apenas la semana pasada, la promesa del presidente Trump de derogar y sustituir el programa de salud de su antecesor, conocido como Obamacare, se estrelló en la Cámara de Representantes dominada por su propio partido. La fracción más conservadora del Partido Republicano resistió las presiones de Trump para votar la iniciativa presentada por su líder, Paul Ryan, y le negó los votos necesarios para aprobarla. El fracaso legislativo se convirtió en la mayor derrota sufrida hasta el momento por la Casa Blanca.

El tema no sólo fue una humillación para Trump, sino la evidencia de una incompetencia mayor de los republicanos, que llevaban siete años atacando la reforma de salud de Obama sin poder ofrecer nada mejor a cambio.

La incapacidad de sumar los votos necesarios, dentro de un inmejorable escenario de mayoría, pone en evidencia la fractura interna del partido y la sustantiva distancia ideológica entre la parte moderada y el radical Freedom Caucus .

Se podrá decir que el evento confirma la parálisis generada por la vetocracia descrita por Fukuyama. O que funcionó el contrapeso legislativo frente a un ejecutivo autoritario y menos hábil para negociar de lo que presumía.

O, simplemente, que se trató de legisladores que encontraron serias resistencias de sus electores, los mismos que votaron por Trump, pero que no estaban dispuestos a perder los beneficios adquiridos con el Obamacare. Legisladores que prefirieron no arriesgar su potencial reelección por seguirle la corriente a Trump. En todo caso, el hecho sienta un precedente.

El presidente ya está presionando al Congreso con otra de sus obsesiones de campaña: la construcción del muro en la frontera con México. El problema es que para financiarlo plantea recortar 1.2 billones de dólares a los fondos de investigación de los Institutos Nacionales de Salud, otro tanto igual a programas de desarrollo comunitario y 500 millones adicionales a proyectos de transporte.

No sorprende que de inmediato se hayan alzado voces en ambos partidos rechazando la propuesta que acabarían pagando los contribuyentes norteamericanos. Construir el (innecesario, ineficiente y absurdamente caro) muro, o reparar o construir un puente, un túnel o una calle en tu comunidad. ¿Esa es la opción? preguntó el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer.

Así las cosas, podría ser que la fuerza moderadora no venga tanto de los controles políticos, sino de los propios ciudadanos. Aquellos que quisieron un cambio, pero no un salto al vacío. Y que volverán a votar en el 2018.

@veronicaortizo