En la lógica de una economía capitalista, el capital no se consume hasta el punto de agotarlo, dado que eso supone la ruina. Los recursos se aprovechan reduciendo al mínimo el desperdicio, maximizando eficiencias; se genera información fehaciente sobre cada detalle significativo en la toma de decisiones, se evalúan riesgos, se contratan pólizas de seguros, y se imputan costos y precios a todos los factores de producción y a todos los productos y servicios que satisfacen demandas o necesidades humanas. En contraste, en el caso de la naturaleza o del capital natural (ecosistemas, sistemas biofísicos, diversidad biológica), lo explotamos hasta la extinción o agotamiento (océanos, bosques, recursos hídricos, atmósfera), generamos desperdicios que nos ahogan y lapidan al planeta, y nos rehusamos a asignar costos y precios que podrían modificar radicalmente las decisiones de producción y consumo en favor de la sustentabilidad.

Es preciso encontrar y promover mecanismos que permitan aplicar la lógica del capitalismo al capital natural para conservarlo, y para que sea capaz de ofrecer una corriente estable y sostenible de beneficios a lo largo del tiempo. El capitalismo, para funcionar alineado con la sustentabilidad, requiere generar y divulgar información correcta y exhaustiva, una adecuada gestión de riesgos, una asignación eficiente de capital y recursos de inversión, y la optimización de rendimientos financieros. Todo lo anterior, necesariamente, en contextos de política pública claros, creíbles, eficientes y coherentes en materia climática, de biodiversidad, de océanos, ciudades, atmósfera y calidad del aire, recursos hídricos, y de política fiscal (por ejemplo, un mercado de emisiones de CO2, o, de preferencia, un carbon tax o impuesto a las emisiones de carbono, acoplado a una reducción en el Impuesto sobre la Renta). En la medida en que los países definan con claridad políticas de sustentabilidad ambiental y transición energética, y afiancen su credibilidad, los mercados ofrecerán el capital necesario para impulsar la innovación y el crecimiento dentro de las reglas y límites establecidos para la sustentabilidad.

Para ello, es indispensable que las empresas y las entidades financieras generen y revelen información relevante en materia de sustentabilidad ambiental, riesgos, vulnerabilidades y oportunidades de su modelo de negocio en sus reportes a los inversionistas o estados financieros, que ésta se divulgue ampliamente, y que se integre a los procesos de decisión en materia de inversión y operación. Destacan riesgos climáticos y costo de pólizas, riesgos por transición de mercados y cambio o disrupción tecnológica, de incumplimiento en las carteras de préstamo, de responsabilidad por impactos ambientales, riesgos derivados de productos o servicios, y riesgos y vulnerabilidades relacionadas con futuras regulaciones y políticas ambientales, como puede ser el caso de activos varados (stranded assets). Estos últimos quedarían y serían consecuencia de transiciones energéticas y climáticas abruptas, como puede ocurrir con refinerías de petróleo y plantas de generación eléctrica con base en combustibles fósiles.

Por otro lado, debe promoverse que los mercados financieros reaccionen con vigor a la demanda por parte de inversionistas de activos o instrumentos de deuda con una sólida dimensión ambiental o de sustentabilidad, como los Bonos Verdes. Estos ofrecen oportunidades de inversión estables, calificadas, líquidas y de larga duración, para una gigantesca reserva de ahorro a largo plazo, que puede ser gestionada por inversionistas institucionales de renta fija a escala mundial.

En todo este escenario, es fundamental que los bancos centrales y organismos reguladores orienten a bancos comerciales y de inversión, aseguradoras y empresas no financieras a evaluar su propia exposición a riesgos climáticos y ambientales, y a desarrollar pruebas de estrés en estos temas.

Así, el capitalismo puede salvar al mundo.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.