Imposible, evadir algunas reflexiones sobre la visita de Donald Trump a nuestro país.

Para empezar, el objetivo de velar por los mexicanos y defender nuestros intereses es válido. La convicción del presidente Peña y su intención de abrir un espacio de diálogo con quien puede ganar la elección presidencial en Estados Unidos fueron indudablemente buenas. Sin embargo, los resultados han sido lamentables, por una serie de errores previsibles.

  1. La idea era buena, pero el medio, cuestionable. Las razones que llevaron a invitar a Trump requerían ser explicadas a los mexicanos a priori, máxime cuando la opinión pública, los analistas defensores y detractores y la propia ciudadanía se sintieron más agraviados que beneficiados por la visita.
  2. Elegido el medio, la ejecución fue fallida. De manera inexplicable, se dejó en manos del invitado la definición de los tiempos y términos del encuentro. Se reconoció incluso que no hubo agenda, dada la premura de la visita. Al término de la reunión, no pudo evitarse que, contrario a lo pactado, Trump decidiera responder preguntas de la prensa norteamericana presente y tener la última palabra.
  3. Confusión de objetivos y resultados contraproducentes. Si se buscaba resarcir agravios, no se logró, y, por el contrario, la visita resultó más favorable a Trump y su campaña. Ello explica la contundente reacción de Hillary Clinton.

Peor aún, pretender un discurso moderado del candidato, o su disposición a reconocer beneficios de nuestra relación comercial, resulta paradójicamente contrario a los intereses de México. Es decir, presentar un candidato dispuesto al diálogo, con imagen de estadista, sólo mejora sus posibilidades de ganar adeptos a su causa.

Al día de ayer, los pronósticos electorales favorecían a Clinton, pero las encuestas de intención de voto le dan una estrecha ventaja de 4.9% sobre Trump (1). De ahí que Trump no busque convencer al electorado latino que tiene perdido, sino a aquellos republicanos que se resisten a votar por él por considerarlo demasiado agresivo con el partido, pero que no discrepan tanto de sus ideas sobre migración. Baste decir que 67% de estos indecisos están a favor de construir el muro en la frontera (2).

Nos queda esperar que la retórica incendiaria de Trump siga alejando a sus votantes potenciales, al tiempo que intentamos recomponer la relación con la candidata que, hasta hoy, tiene mayores posibilidades de convertirse en la siguiente presidenta de Estados Unidos.

Por lo pronto, buenas intenciones, pero lamentable resultado.

@veronicaortizo

(1) Según Nate Silver (www.fivethirtyeight.com) y Real Clear Politics (www.realclearpolitics.com).

(2) Pew Research Center, On Immigration Policy, Partisan Differences but Also Some Common Ground (www.pewresearch.org).