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Opinión

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Biden frente a la fractura y el populismo

Gabriel Quadri de la Torre

El angustioso y estrechísimo triunfo de Biden y del partido demócrata expresa la profunda polarización política, cultural, social e ideológica que fractura a los Estados Unidos. La brecha no es fácil de disectar debido a las múltiples dimensiones que la definen y que de diversas formas y dosis coexisten en la sicología política norteamericana. La polarización se despliega y entrecruza geográficamente entre la gran ciudad y los espacios suburbanos y rurales, así como entre las costas del Pacífico y el Atlántico y el interior del oeste y medio oeste. Ahí saltan a la vista los desgarros entre el cosmopolitismo liberal, y el conservadurismo parroquial y religioso furiosamente autonomista e incluso potencialmente violento; entre la tolerancia y la inclusión, y el  recelo y  la exclusión raciales; entre la solidaridad social, y un individualismo rotundo; entre la aceptación de un Estado eficaz, suficiente y necesario, y el rechazo por principio a toda intervención de gobierno; entre un liderazgo norteamericano solidario, constructivo y multilateralista, y un supremacismo soberbio, unilateral, beligerante e indiferente. Con estas coordenadas, y a pesar de que los términos no coinciden totalmente con la taxonomía utilizada en Europa y América Latina, es útil, en la peculiar geometría y mapa político norteamericanos, reconocer un abismo creciente entre izquierda y derecha, entre liberalismo y conservadurismo.

Esta sima ahora se ha profundizado con la irrupción del populismo – fantasma que recorre el mundo – y que de la mano de Trump, como hemos constatado en esta elección, captura la psique popular en prácticamente la mitad conservadora del electorado, empujándolo a reacciones y posiciones cada vez más extremas e irreconciliables con la otra mitad, digamos, liberal. El populismo, en sus distintas manifestaciones de izquierda o derecha, ha degradado a las democracias liberales y envilecido la convivencia política introduciendo como elementos clave de comunicación y relación política a la demagogia y a la mentira. (El caso mexicano es paradigmático). El populismo convoca a los desilusionados y dejados atrás –lo que le confiere cierta legitimidad– convirtiéndolos en una poderosa fuerza electoral. Toca las fibras más elementales, obscuras y sensibles de amplios sectores de la población, con una retórica vulgar, pendenciera, simplificadora y reiterativa. El populismo cancela el diálogo informado y lo sustituye con la exacerbación de pulsiones. Plantea un reduccionismo grosero de la realidad, que sin embargo cala hondo en la mente de un número significativo – incluso mayoritario – de personas, en donde enemigos del pueblo, juegan el papel de villanos abominables en el imaginario colectivo. El populismo conlleva la fascinación por la farsa que divide y polariza, insulta y reprime. El populismo apuesta a la explotación del resentimiento y del rencor como catalizadores de la acción política y del voto. Pretende, como acto supremo de regeneración, la destrucción de las instituciones de regímenes anteriores, a quienes no se les atribuye más que malignidad y perversión, aún sin proponer sustitutos mejores, viables o razonables. El populista es el fantoche celebrado. Puede ser el nuevo rey loco o trastornado como The Mad King en The Game of Thrones, Calígula, Enrique III de Inglaterra, o el Rey Lear de Shakespeare. No puede vivir sin el aplauso y la adulación, y su ineptitud deja en ruinas lo que toca. No obstante, recibe el apoyo y aprobación abierta o soterrada (voto oculto, voto negro), o la tolerancia y condescendencia de una buena parte de la ciudadanía. Este voto oculto no se revela en ejercicios demoscópicos, por eso es que se subestima, como fue claro el martes en los Estados Unidos, donde la victoria de Biden frente a Trump fue casi infinitesimal, contrariamente a lo previsto por encuestadores.

La democracia liberal es la expresión electoral y la concreción en instituciones representativas de gobernanza, de un tumulto de preferencias, ideologías, visiones del mundo, razonamientos, y pasiones. Ahí, por desgracia, el populismo puede ser el huevo de la serpiente, capaz de engendrar y dar a luz monstruosidades, y conducirla al suicidio. Sí, las democracias liberales pueden suicidarse. No sabemos cómo prevenirlo y evitarlo.

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Gabriel Quadri de la Torre

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.

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