¿Qué relación existe entre lo que comemos y la salud mental? La creciente evidencia de investigación científica de diferentes campos apunta a que la relación entre lo que comemos y cómo nos relacionamos con lo que comemos tiene una estrecha relación con nuestra salud mental.

La salud mental es uno de los grandes tabúes de salud pública del siglo XXI. Enfermedades como la depresión, la ansiedad y otros padecimientos psiquiátricos, muchos de ellos relacionados con el estrés, son algunos de los males que hoy en día tienen un estigma social. La depresión crónica que puede conducir al suicidio todavía representa algo que no se dice socialmente cuando ocurre, pero que sin duda afecta a más personas de las que creemos. Este tabú social está relacionado con diferentes factores y algunos de ellos radican en la idiosincrasia mexicana.

Las enfermedades mentales son un tabú, incluso en sociedades europeas en donde datan ya desde hace mucho tiempo. Los estudios sobre las diferencias que observaba según diferentes sociedades en la frecuencia del suicidio, llamaron la atención del padre de la sociología, Émile Durkheim.

Por otro lado, con la epidemia de enfermedades crónico degenerativas, el concepto de “estilos de vida saludable” es altamente cacareado pero poco profundizado. La salud mental forma parte sin duda de este núcleo en el que comúnmente se menciona a la alimentación y a la activad física. Pero ¿es posible en sociedades actuales vivir una vida libre de estrés? Sonaría a un caso irreal, y aun en circunstancias placenteras, es una realidad que las enfermedades mentales tienen componentes más allá del estrés.

Lo que sí guarda una estrecha relación con las enfermedades mentales según algunas evidencias científicas, son los componentes de la dieta que comemos. Por ejemplo, se ha observado que el alto consumo de frutas y verduras en niños les permite concentrarse por un lapso mayor de tiempo, y por lo tanto, presentan menor déficit de atención. En algunos grupos control se ha observado que el incremento de la ingesta de estos grupos de alimentos en personas de la tercera edad con depresión mejoraba notablemente su estado mental.

Los ácidos grasos omega 3 y 6 también han probado tener algún efecto sobre la salud mental, aunque todavía no se determina su alcance.

Pero si analizamos la salud mental por el lado de los factores sociales de la alimentación, hay mucha más tela de dónde cortar. Muchas de las ansiedades y estreses de la vida cotidiana son reflejados en la alimentación. En distintas instancias, la alimentación se vuelve un generador de ansiedades por la carga moral que se deposita sobre ella. De la misma manera, muchas de las manifestaciones sintomáticas de diferentes enfermedades mentales pasa por la alimentación: exceso de apetito, falta de apetito, obsesiones con la forma, tamaño y modo en el que deben venir los alimentos y de las que depende su aceptación y/o rechazo, enfermedades de la autopercepción de imagen corporal, entre muchas otras manifestaciones.

Las enfermedades mentales deben ser consideradas como tales, y no como padecimientos tabú de los que se sale con “echarle ganas”. A este respecto, la alimentación juega un papel de interconexión que es importante considerar no sólo en la manifestación de los síntomas o en la inclusión de tal o cual alimento o nutrimento para prevenir o tratar cierta enfermedad. También influye de manera importante la forma en la que nos relacionamos con lo que comemos.

@Lillie_ML