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Opinión

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Agua y aceite

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Tere Vale

Es un mal presagio cuando los humanos no nos ponemos de acuerdo. Y pareciera que en estos años de pandemia estamos los habitantes de este pequeñito punto azul en el universo, muy propensos al agarrón. Eso sí, que seamos violentos no es nada nuevo, los más de tres millones de años que llevamos de evolución, desde homínidos hasta llegar hoy a ser estos homo sapiens supuestamente menos agresivos, nos la hemos pasado peleando. Las matanzas se suceden siempre, pero existen también algunos periodos, no perfectos (eso nunca) pero un poco menos brutales. 

Con la llegada imparable de los populismos podríamos decir que volvemos a la cresta de la ola ya que la violencia y el encono forman parte sustancial de esta forma de acumular poder, no quiero decir de gobernar. 

Y a las pruebas me remito, no hay un solo populismo en el mundo que no haya logrado en primer lugar polarizar profundamente a la población. Venezuela, Nicaragua, Cuba, el Perú de Fujimori, Bolsonaro, Bukele, Evo, Trump, el kirchnerismo, etc. hace años o ahora los lideres mesiánicos han hecho todos exactamente lo mismo. La muy sobada frase “divide y vencerás” es la receta prodigiosa a partir de la cual los autoritarios se entronizan.

El presidente López Obrador, ya nos ha dividido a casi todos: empresarios, comunidad cultural, científicos, medios de comunicación, opinadores, académicos, sindicatos, bueno…hasta familias. En esta esquina—grita cada mañanera—los conservadores, aspiracionistas, fifís, golpeadores, traidores a la patria, neoliberales, ellos son mis adversarios…y en esta otra—se ufana— el pueblo bueno y sabio al que encarno yo. 

Quizá estamos—ojalá me equivoque— ante un sistema moribundo, colapsado, en terapia intensiva, en el cual cada día se destruyen más instituciones y aumenta la desconfianza y el odio entre la población. Ay de que aquellos que se resisten al culto, que desafían el dogma; ellos, dice el gobernante, son instrumentos del conservadurismo, origen del mal y tienen la culpa de todo. La única solución dice el populista es dividir al país en dos. Y vaya que lo ha logrado.

Hoy, en este complicado 2022, vemos con enorme preocupación como los problemas para nuestro país se multiplican en salud, economía, política exterior, seguridad y como la división de poderes que evita la imposición de un poder sobre otro, se desdibuja frente al carisma del líder.

Pienso que el único combate que podemos dar a esta terrible situación  es luchar por convencer y entusiasmar a esa otra mitad enamorada de las palabras, más que de lo los hechos del autoritario, de que es posible construir una verdadera democracia, más ancha, menos enojada, donde quepamos todos y donde no volvamos a cometer los mismos errores que desembocaron en esta fallida cuarta transformación. 

No hablo de una utopía, sino de un país real, más allá de la imaginación de un vendedor de mentiras.  Un país que podremos construir a mediano plazo y solo con un decidido compromiso ciudadano, donde los mexicanos no volvamos a ser agua y aceite. ¿Seremos capaces de ello?

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