La semana pasada se anunció la iniciativa del gobierno de crear una aerolínea estatal, prueba de que las ocurrencias y la imaginación no tienen límite en la mente de López Obrador. Para armar a la nueva compañía, el gobierno quiere usar el cascarón laboral de la extinta Mexicana de Aviación desaparecida ya hace 11 años. Pretende rescatar así a trabajadores y pilotos y que la compañía sea operada por una cooperativa entre empleados e inversionistas. Estos últimos deberán aportar, según cálculos, el 60% de los 155 millones de dólares estimados para el arranque de la aerolínea. El 40% restante provendría de un crédito por parte de la banca de desarrollo a los trabajadores de la cooperativa. La base de la compañía sería Santa Lucía y la meta es tener 60 aeronaves dentro de cinco años. Se mencionó a la empresa Altán Redes, encabezando al grupo de inversionistas. Se pretende lanzar la convocatoria para la creación de la cooperativa dentro de dos semanas.

Llama la atención la ingenuidad del presidente. Así como en su mente es muy fácil y rápido crear la empresa Gas Bienestar, cree que echar a andar una aerolínea no es complicado. La industria aérea mexicana se encuentra en crisis. Recién ha sido degradada de categoría uno a la dos de seguridad aérea, lo cual es un impedimento para autorizar nuevas rutas y expansión en el extranjero.

Además, de por si la industria de la aviación es de las más complejas, difíciles y caras. La inversión inicial de 155 millones de dólares luce baja; ¿Cómo se calculó? La industria tiene costos derivados de factores externos e internos de una aerolínea. Dentro de los primeros se tiene principalmente el del combustible, los impuestos, los permisos, comisiones de aterrizaje y despegue, y costos vinculados a la base aeroportuaria: renta de espacios, de hangares y otras contribuciones. Los internos abarcan la contratación y pago de personal calificado, seguridad, obtención de los slots, arrendamiento y depreciación de aviones, el mantenimiento, los seguros, adquisición de refacciones. Los costos operativos de una estructura ineficiente serán cargas para el presupuesto federal y afectarán la rentabilidad de los inversionistas. La empresa simplemente no será competitiva.

¿Le habrán explicado al presidente todas estas complejidades para operar una aerolínea estatal en plena crisis de esa industria? Entre los posibles inversionistas y el gobierno deberán realizar previamente un detallado Plan de Negocios para fijar el plan financiero, el plan operativo, las rutas que se cubrirán, las reglas de funcionamiento de la cooperativa, etcétera. Simplemente determinar las rutas no es trivial; debe fundamentarse porqué una ciudad es más rentable que otra. Para armar el plan de negocios, hay que estudiar a fondo previamente a la industria. ¿Quién lo hará? Además, hoy la prioridad debería ser recuperar el nivel uno en seguridad. Para eso no hay estrategia.

La ocurrencia (¿se llamará Aerovías del Bienestar?) es un ejemplo más de lo que tanto le gusta al presidente: derrochar dinero de los contribuyentes para satisfacer caprichos personales.

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

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