Jerusalén. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, parecía estar en la cuerda floja tras las elecciones legislativas de la víspera, que registraron un empate con su gran rival centrista, el general Benny Gantz, lo que obliga a todo el mundo a negociar para formar una coalición.

Ante la incertidumbre política, Netanyahu canceló su viaje a la Asamblea General de las Naciones Unidas, informaron fuentes oficiales. Iba a reunirse también con el presidente estadounidense, Donald Trump, para discutir un posible tratado de defensa común.

Con más de 95% de los votos escrutados, la formación de centro-derecha Azul-Blanco (Kahol Lavan), de Gantz, habría obtenido 33 escaños, contra 32 del partido Likud (derecha) de Netanyahu, sobre un total de 120 que hay en la Knesset, el Parlamento israelí.

Ninguna de las dos formaciones, ni siquiera con el apoyo de sus aliados, logrará llegar a 61 escaños, mayoría necesaria para gobernar.

Gantz pidió “un gobierno de unidad que refleje la voluntad del pueblo”. “Hemos iniciado las negociaciones y hablaré con todo el mundo”, dijo.

¿Fin de la era Netanyahu?

Menos conciliador, Netanyahu pidió la formación de un “gobierno sionista fuerte” sin la participación de los “partidos árabes antisionistas”.

Según la prensa, la Lista Unida de partidos árabes sería la tercera fuerza más votada, con 12 escaños. Los partidos árabes ya advirtieron que se opondrían a Netanyahu como jefe de gobierno.

“La era Netanyahu ha terminado”, zanjó Ahmed Tibi, uno de los líderes de la Lista Unida.

La moneda está en el aire.