Bruselas. Libia lleva sumida en el caos cerca de una década, desde la caída del dictador Muamar al Gadafi. Pero en las últimas horas, los combates se han recrudecido apuntalando una escalada que tiene implicaciones directas en la Unión Europea (UE).

El hombre fuerte del país, el mariscal Jalifa Haftar, ha tomado la ciudad de Sirte y continúa con la ofensiva de Trípoli, sede del Gobierno de Acuerdo Nacional que lidera Fayez al Sarraj. Este último es el único reconocido por la comunidad internacional. La situación ha empeorado con la luz verde de Turquía para enviar tropas que sostengan a Sarraj y contengan a Haftar.

Con este fuego cruzado de fondo se reunió Josep Borrell, alto representante de Exteriores de la UE, en Bruselas, con los ministros de Exteriores de Alemania, Francia, Reino Unido e Italia —los participantes en el proceso de mediación de Berlín—. Los cinco han rubricado un comunicado conjunto en el que apelan a un “crucial cese inmediato de las hostilidades” y en el que llaman a todas las partes a regresar a la mesa de diálogo político auspiciado por la ONU.

Borrell ha apelado a Turquía a frenar la injerencia externa y ha pedido que se respete el embargo de armas que la ONU aprobó en el inicio del conflicto. La operación Sofía, la única misión naval militar de la UE, tiene como uno de sus principales objetivos contener el tráfico de material bélico, pero su operatividad es prácticamente nula después de quedarse sin buques en el Mediterráneo por el veto de Italia.

La reunión de Bruselas estaba llamada a producirse en suelo libio, pero la intensidad de los combates ha obligado a los líderes europeos a cancelar el viaje. En su lugar, el alemán Heiko Maas, el italiano Luigi di Maio, el francés Jean-Yves le Drian y el británico Dominic Raab se han dado cita en la capital comunitaria para “reafirmar el compromiso de detener de inmediato los combates en Trípoli y el resto de lugares y debatir cómo la UE puede contribuir a la mediación de la ONU para regresar a las negociaciones políticas”.

“La UE tiene la firme convicción de que no existe una solución militar a la crisis en Libia y de que un conflicto duradero sólo acarreará más miseria a los ciudadanos, incrementará las divisiones y el riesgo de separación, aumentará la inestabilidad regional y empeorará la amenaza del terrorismo”, comentó Borrell en rueda de prensa tras el encuentro.

Estado fallido

La situación política y bélica en Libia es extremadamente compleja. El país petrolero está atrapado por el control de cientos de clanes, por las luchas encarnizadas por el crudo, por miles de refugiados atrapados y por un conflicto global. La injerencia de otras potencias se percibe desde años, tanto en el flujo de armas como de mercenarios. En el seno de la Unión Europea, el escenario no es mucho más complejo. Francia e Italia se han enfrentado abiertamente durante los últimos meses por la situación del país. El auge de la crisis diplomática tuvo lugar tras la invitación el año pasado de Macron a Haftar al Elíseo, que le otorgó legitimidad internacional, a pesar de que la ONU y la UE sólo reconocen al Ejecutivo de Sarraj.