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La Inteligencia Artificial y tus finanzas personales (Parte 1 de 5)

Joan Lanzagorta | Patrimonio
Cada vez más personas usan la inteligencia artificial para que les ayude en su vida cotidiana. Es una herramienta muy útil: uno puede hacer en minutos lo que antes tomaba horas, desde algo tan simple como la minuta de una reunión hasta la generación de scripts que permiten extraer datos, analizarlos, formatearlos e incluso detectar correlaciones que antes no se veían.
La inteligencia artificial también puede ser sumamente útil en el manejo de nuestro dinero, pero sólo si se usa bien. De lo contrario puede ser contraproducente. La IA comete muchos errores. Además, produce respuestas muy distintas dependiendo de cómo le preguntes (no sólo el prompt inicial sino también el seguimiento) o del modelo al que le preguntes. Y suele ser demasiado complaciente: te da la razón aunque no la tengas.
Siempre digo que uno tiene que saberse asesorar y eso significa entender lo que el asesor está diciendo, cuestionarlo y no simplemente seguir a ciegas su consejo porque “seguro sabe más que yo”. Porque al final, tú tomas las decisiones. Se trata de tu dinero y las consecuencias de esas decisiones las tendrás que vivir tú, no el asesor. Eso mismo aplica para la IA.
Por ejemplo, pregúntale a algún modelo si te conviene usar tus ahorros para pagar tu tarjeta de crédito o para invertirlos. Te va a dar una respuesta muy bien argumentada.
Ahora hazle la misma pregunta, pero antes cuéntale que la bolsa está subiendo y que no quieres desaprovechar la oportunidad. Es muy probable que te encuentre buenas razones para invertir y que su respuesta vaya en ese sentido. Si le respondes “¿estás seguro?”, puede cambiar de opinión.
Pero además, si todo esto se lo preguntas a otra IA, quizá te conteste algo distinto. Siempre con la misma seguridad, como si fuera verdad absoluta.
En esta columna he mencionado varias veces que las finanzas personales son eso: personales. Los conceptos son universales, pero la forma de aplicarlos depende mucho de tu punto de partida (situación financiera), de tu situación personal, tus preferencias, tus metas e incluso tu personalidad y tu actitud frente al riesgo.
La IA muchas veces te responde, con esa seguridad, sin tener todo este contexto. Difícilmente te pedirá más información antes de darte una respuesta contundente. Si no conoce tu situación financiera, tus prioridades, objetivos o tu tolerancia al riesgo, es muy probable que la respuesta sea totalmente inadecuada para ti.
Ahora bien, el uso de la inteligencia artificial también conlleva ciertos riesgos de los que muchas personas no están conscientes. Por ejemplo, para que te ayude, muchas veces le tienes que dar acceso a información que difícilmente compartirías con las personas que más quieres. Y esa información puede ser usada de maneras que ni te imaginas. En las siguientes columnas hablaremos más sobre este tema.
¿En qué es buena la inteligencia artificial?
La IA funciona muy bien para ordenar información y hacer tareas repetitivas. Si le das la lista de tus gastos de los últimos meses, te los agrupa por categorías en segundos. Te puede ayudar a armar una hoja de cálculo para comparar dos créditos, a revisar los números de tu plan de gastos o a preparar las preguntas para tu agente de seguros.
También es muy útil para explicar conceptos. Si no entiendes qué es el costo anual total de un crédito o qué cubre exactamente tu póliza, te lo explica con palabras sencillas, las veces que haga falta. Y si le preguntas bien, te puede ayudar a descubrir cosas que no habías considerado. Por ejemplo, un gasto que se repite cada mes y que ya habías olvidado o un error en tu estrategia para reducir las deudas.
En todos esos casos hay algo en común: tú puedes revisar el resultado. Si te clasifica mal un gasto, lo ves y le pides que lo corrija. Si una explicación no te cuadra, le vuelves a preguntar o la contrastas con otra fuente. Ahí la IA te ahorra tiempo y tú conservas el control.
El problema empieza cuando le pides cifras exactas, reglas que cambian o decisiones. La IA se puede equivocar en una operación sencilla, usar una regla fiscal que ya no está vigente o aplicarte las de otro país. Y a veces sus respuestas son simplemente absurdas. Hace tiempo leí el caso de una mujer en Estados Unidos que le pidió a la IA ideas para conseguir dinero y pagar sus deudas. La IA le sugirió, entre otras cosas, subastar dibujos por internet (en eBay) o vender fotos de sus pies.
En la segunda parte veremos por qué la IA se equivoca y tiende a darte la razón.

