Para Ericsson, la tecnología es una herramienta fundamental para el desarrollo económico, social y también es muy importante para el impacto positivo en la sociedad. Así, desde hace cinco años, en conjunto con la fundación Whitaker Peace and Development Initiative (WPDI), implementó el proyecto de inclusión digital Connect to Learn México. Desde el 2012, la fundación WPDI elaboró un programa muy robusto y concreto sobre impacto social y la transformación de ésta principalmente en la resolución de conflictos en áreas donde existen proyectos sociales. En entrevista con María Cristina Sellmann, directora de Sustentabilidad de Ericsson para América Latina, detalla la implementación de este proyecto al que Ericsson decidió sumarse a partir del 2015. María Cristina menciona que la compañía optó por formar una sociedad con esta fundación, por lo que colabora con la infraestructura técnica “lo cual significa que nosotros somos responsables de toda la parte de inclusión digital en lo que se refiere al programa; es decir, otorgamos equipamiento, hacemos que el Internet esté disponible y entrenamos a los jóvenes que forman parte del programa en los temas de tecnología y negocios”. Este proyecto también es parte del programa de voluntariado de Ericsson, en el que aproximadamente 50 voluntarios están registrados como potenciales participantes del proyecto. En el 2015, hubo 15 voluntarios interesados directamente; el año pasado, 10.

María Cristina indica que el proyecto en México se desarrolla en dos estados: Tijuana y Chiapas, donde han impactado directamente en 30 jóvenes e indirectamente en 4,000 personas. El objetivo para el periodo del 2018-2021 es impactar en 200 jóvenes y 6,000 personas indirectamente. Se escogieron estos dos estados con base en un análisis sobre Latinoamérica para mostrar las áreas que tenían más conflictos sociales.

Asimismo, el modelo del programa está dividido en dos partes: el primer momento es el entrenamiento de los jóvenes, quienes son preparados para ser agentes de cambios y pacificadores en la región en la que actúan. El entrenamiento dura año y medio tanto en la parte de mediación y transformación de conflictos. Después, otro año y medio, pues regresan a la comunidad para implementar las habilidades que adquirieron durante la capacitación. Los proyectos son de carácter social, por ejemplo, algunos tienen que ver con la pacificación, la economía sustentable, incluso literatura.

Uno de las iniciativas que surgió de la generación pasada fue sobre producción de comida nutricional, el cual se desarrolló a 100 kilómetros de San Cristóbal de las Casas. Enseñaron a las familias rurales cómo mejorar y aumentar la producción de alimentos usando técnicas orgánicas. Con este proyecto impactaron en 400 personas y más de 80 son indígenas, quienes comenzaron a utilizar biofertilizantes, detuvieron el uso de insecticidas, además emplearon medicina tradicional para la producción de pollo.

Finalmente, María Cristina Sellmann menciona que “uno de los grandes desafíos es la definición de los proyectos, para escoger los que van a impactar más en la comunidad en la que están involucrados. Además, garantizar la ejecución y el impacto positivo de éstos”.

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