Las tecnologías digitales han transformado la forma en que vivimos, interactuamos y trabajamos, permitiendo que lo "local" se vuelva global con sólo pulsar un botón. Las aplicaciones de Internet como WhatsApp, que comenzaron con sólo unos pocos empleados, revolucionaron la forma en que las personas se conectan entre sí en todo el mundo, haciéndolo posible a un costo más bajo que nunca. Amazon puede ofrecer a los consumidores una gama de productos más amplia que la mayoría de las tiendas de autoservicio y llevarlas a la puerta de su casa en pocas horas. Muchas empresas hoy en día utilizan LinkedIn u otras plataformas similares para llegar a un grupo específico de candidatos a la hora de contratar en el mercado global. Una adolescente puede luchar contra el cambio climático en Suecia y, gracias a las redes sociales su mensaje puede movilizar a millones de personas en todo el mundo e influir en las políticas gubernamentales.

Si bien la naturaleza transformadora de las tecnologías digitales es indudable, aún es materia de debate la forma exacta en que éstas influyen en la economía y, en particular, el rol que juegan en el impulso de la productividad. En la década de 1980, el Premio Nobel Robert Solow dijo una famosa frase: "Vemos computadoras en todas partes menos en las estadísticas de productividad". La paradoja del rápido cambio tecnológico frente al lento crecimiento de la productividad sigue siendo válida hoy en día. Los análisis de la OCDE sugieren que la desaceleración de la productividad actual en nuestras economías esconde una brecha de rendimiento cada vez mayor entre las empresas líderes, más productivas y las empresas pequeñas, menos productivas, las cuales se están quedando rezagadas en todos los sectores. Esto significa que, para aprovechar la transformación digital, los países y las regiones deben dar prioridad a la difusión de las tecnologías a las empresas menos productivas -especialmente las PYME- y las inversiones complementarias necesarias en educación general, competencias, cambios organizativos, innovación de procesos y nuevos modelos de negocio.

Este debate sobre la productividad es particularmente relevante para América Latina y el Caribe (ALC).  En la última década, marcada por la crisis financiera mundial, la región ha experimentado un descenso en las tasas anuales de crecimiento de la productividad del trabajo, que han pasado del 2.2% en 2008 a alrededor del 1.6% en 2018. Un nuevo informe de la OCDE, Perfilando la transformación digital en América Latina: mayor productividad para una vida mejor, destaca las oportunidades y desafíos que la transformación digital trae para la región de América Latina y el Caribe. Sin duda existen casos exitosos: por ejemplo, países como Uruguay y Costa Rica se han acercado al promedio de la OCDE con 100 suscripciones a servicios de banda ancha móvil por cada 100 habitantes. Sin embargo, aún queda mucho por hacer en la región ya que a finales de 2017 aún 237 millones de personas no contaban con conexión a Internet.

De aprovecharse adecuadamente, la transformación digital podría ofrecer nuevas oportunidades para que la región alcance el nivel el desarrollo económico previsto en los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030. Con las medidas de política adecuadas, los países de ALC contarían con el potencial para alcanzar a otros países e inducir cambios relativamente rápidos e impactantes. Por ejemplo, en menos de tres años, la reforma de telecomunicaciones de 2013 en México trajo beneficios tangibles para los ciudadanos, incluyendo una reducción de 43% en los costos de la telefonía móvil, y una reducción en el precio de los paquetes de servicios móviles que van del 61% al 75%. Del mismo modo, el Plan Vive Digital de Colombia ha reducido la brecha digital al ofrecer conectividad gratuita a Internet en los espacios públicos y ampliar las redes en las zonas rurales.

A fin de promover una convergencia que tenga un impacto duradero en la productividad, la región debe centrar su atención en dos grupos destinatarios clave: los jóvenes y las PYME. En la región de ALC hay más de 154 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años, muchos de los cuales están conectados a Internet y poseen un teléfono inteligente, pero quienes a menudo carecen de las aptitudes necesarias para beneficiarse de las nuevas oportunidades digitales. Según los resultados del 2015 del PISA de la OCDE, entre 23% y 70% de los jóvenes latinoamericanos matriculados en escuelas no alcanzan un nivel básico de competencia en lectura, matemáticas y ciencias como parte de su educación general. Invertir en educación general es clave para dotar a cada persona con las competencias necesarias para aprovechar al máximo la transformación digital.  La enseñanza técnica y profesional puede ofrecer una segunda oportunidad a muchos de los jóvenes que abandonan la escuela secundaria o terminan sus estudios sin haber adquirido las competencias adecuadas. Programas como Jóvenes con más y mejor trabajo en Argentina, ProJovem en Brasil, Jóvenes en Acción en Colombia y ProJoven en Perú, demuestran que las intervenciones integrales han producido resultados positivos en la empleabilidad, los ingresos y la calidad del empleo de los jóvenes.

Las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) dominan el sector empresarial en los países de ALC, representando 99.5% del total de empresas y el 61% del empleo formal, pero generando sólo 25% de la producción total. El uso de las tecnologías digitales está vinculado a una mejor gestión de las operaciones y los costos por parte de las PYME. Las herramientas digitales también proporcionan a las PYME acceso a nuevos proveedores y clientes en los mercados locales e internacionales, creando nuevas relaciones comerciales. Asimismo, estas tecnologías pueden facilitar el acceso de las PYME a personal calificado, así como a una gama más amplia de instrumentos de financiación. Sin embargo, para las PYME es especialmente difícil adoptar un uso eficaz de las TIC, sobre todo en el caso de las aplicaciones que mejoran la productividad. Esto se debe a la falta de capacidades clave y de inversión en activos complementarios. Las PYME también se enfrentan a obstáculos específicos en la gestión de los riesgos de la seguridad digital y la privacidad. Las políticas públicas pueden desempeñar un papel clave para facilitar la adopción digital por parte de las PYME. Como tales, las estrategias digitales nacionales deben prestar atención y prioridad considerables a las PYME. Por ello, las estrategias digitales nacionales deben prestar especial atención y dar prioridad a las PYME.

La Tercera Cumbre Ministerial sobre Productividad: Aprovechando la transformación digital para impulsar la productividad en América Latina y el Caribe, que tendrá lugar en Bogotá, Colombia, el 25 de octubre, pretende aprovechar y apoyar los esfuerzos que se están llevando a cabo en la región para aumentar la productividad. Seguimos apoyando a la región de ALC para monitorear las tendencias, anticipar procesos y a intercambiar experiencias sobre prácticas innovadoras que pueden ayudar a fortalecer la capacidad de las instituciones encargadas de la formulación de políticas para aprovechar la transformación digital por un crecimiento más inclusivo.

Referencias:

OCDE, Perfilando la transformación digital en América Latina: mayor productividad para una vida mejor, 25 de octubre 2019, Paris, France.

Ángel Gurría es Secretario General de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) desde 2006.