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Despedida a un socio y amigo

Debo disculparme con mis lectores por no escribir nada la semana pasada, pero hemos tenido una gran pérdida en la firma. Mi socio y amigo Patricio Claudio Montiel Flores falleció la semana pasada de manera inesperada.

Debo disculparme con mis lectores por no escribir nada la semana pasada, pero hemos tenido una gran pérdida en la firma. Mi socio y amigo Patricio Claudio Montiel Flores falleció la semana pasada de manera inesperada.

Es difícil despedirse de una persona con la que se ha convivido tanto y con la cual se han pasado momentos tanto buenos como difíciles. Patricio fue primero mi jefe, después mi socio, mi maestro y mi amigo.

Muchas veces no estuvimos de acuerdo en el trabajo; sin embargo, desde el primer día me dijo algo que siempre tratamos de seguir, no siempre con éxito, pero nos aseguró una relación perdurable: “en el trabajo discutimos, nos enojamos y eventualmente resolvemos nuestras diferencias, pero saliendo de la oficina, somos amigos y platicamos de otras cosas”. Por eso, en medio de las discusiones más fuertes, salíamos a comer y nos relajábamos platicando de muchas otras cosas excepto de trabajo. Eso nos ayudó a reflexionar sobre todos los asuntos que enfrentábamos, pero sobre todo, permitió conocernos y compartir muchas cosas y momentos que solidificaron nuestra amistad.

En el ámbito profesional, de los más de 40 años que ejerció como contador público independiente dedicado a la auditoría, principalmente, estuvo la mayor parte del tiempo en Alcalá Hernández Macías que, después de varios cambios de nombre, terminó siendo BDO Hernández Marrón y Cía, SC, de la cual acabó siendo el socio director. Cuando salimos de esa firma, él lo sintió muchísimo porque había entregado su esfuerzo y su corazón a la misma; sin embargo, continuamos y apoyó a los socios más jóvenes en una nueva aventura en PKF México, en donde fue miembro del consejo directivo y me brindó todo su apoyo, asesoría y consejos en mi función como director general.

En ese camino pasamos de hacer la auditoría de empresas mineras muy importantes, compañías productoras de bienes de consumo, importadoras y exportadoras, firmas de logística, desarrolladoras de inmuebles, grupos financieros, empresas que cotizaban en Bolsa yotras internacionales. El aprendizaje era constante y sus consejos siempre muy acertados.

Toda esa experiencia lo llevó a ser un gran asesor de empresarios, hombres de negocio y directores de empresa, de tal manera que muchos de ellos lo seguían buscando aún después de haber dejado de ser su auditor.

En el ámbito personal siempre fue un amigo entrañable de muchas personas. Nada más habrá que hacer la cuenta de sus compadrazgos, ya que él era padrino de muchísimos jóvenes, no solamente hijos de parientes, sino de amigos que tenían la certeza de que era alguien tan confiable como para darle dicha responsabilidad. Sus amigos eran de toda la vida, desde amigos de sus épocas de estudiante, de los cuales nunca se olvidaba, hasta los amigos que fue haciendo a lo largo de todos sus años. Cuando él te adoptaba como amigo, te hacía sentir como si fueras parte de su familia desde siempre.

Estoy convencido de que fue un gran esposo y padre, a su esposa Zaida Oviedo Martínez y sus hijos Diana Montiel Oviedo y Claudio Eduardo Montiel Oviedo, les mando mi más sentido pésame y mi total apoyo.

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