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Refugiados, un mensaje de esperanza

Luego de que el COI anunciara que los atletas que dejaron sus países podrían participar en la justa veraniega como equipo, tienen la ilusión de figurar y olvidarse de su pasado.

Cuando Yiech Pur Biel llegó a Kenia como refugiado hace una década, lejos estaba de imaginar lo que el destino le tenía deparado. Había llegado a la nación africana solo. Sus padres y hermanos habían desaparecido en el caos de la guerra.

Llegó a Kakuma y desde entonces se sentía adoptado en esa tierra. Empezó a correr como una solución para combatir su soledad, como una manera de sentir que pertenecía a un lugar.

Entonces no se imaginaba que una década después podría aspirar a alcanzar unos Juegos Olímpicos (JO) con sólo eso. Apenas hace un mes, el originario de Sudán del Sur calificó a Río en los 800 metros y lo hizo como uno de los integrantes del primer equipo.

Él es uno de los atletas que participarán en esta condición en Río 2016, y aunque asegura que siempre fue su anhelo, lo cierto es que ahora siente demasiada presión por la responsabilidad que eso implica. Como él, habrá otros nueve atletas que participarán en JO como refugiados por primera vez en la historia.

Y es que hasta antes de Río, los atletas que tenían calidad de refugiados podían competir como parte de la delegación de sus nuevos países o formaban parte de la categoría llamada independiente .

En total, serán 10 los atletas que conformen este equipo, todos ellos procedentes de Oriente Medio y el Norte de África. Y aunque algunos como Pur Biel admiten que la presión es mucha , lo cierto es que tendrán una oportunidad sin precedentes de alcanzar la gloria olímpica en uno de los escenarios deportivos más grandes e importantes del mundo.

Aunque, por otra parte, seguramente el competir a un nivel de élite les provocará mucha presión, sobre todo porque algunos no están acostumbrados a ser el centro de atención.

Eso es algo que no me preocupa, aunque quizá porque aún no he entendido lo grande que es la atención que tienen los atletas en unos Juegos Olímpicos , expresó la atleta refugiada Anjelina Nadai Lohalith, a la televisora Al Jazeera.

Algunos no han tenido que esperar a los Juegos Olímpicos para sentirse en el ojo del huracán. Yusra Mardini, un nadador sirio que entrena en Alemania, ha tenido que rechazar 700 entrevistas que le han solicitado para contar su historia, con el fin de enfocarse en su preparación.

Mismo caso del también nadador sirio, Rami Anis, que ha tratado de evitar las entrevistas, pues no quiere revivir lo que pasó en su viaje para llegar a Bélgica y refugiarse ahí.

Sin embargo, para todos el tener la oportunidad de competir en unos JO es una oportunidad muy valiosa, e incluso el mismo Comité Olímpico Internacional (COI) lo ha descrito como un símbolo de esperanza , el cual podría ayudar a frenar la guerra en los países de Medio Oriente.

Así, los atletas que se han formado en los diferentes países donde han sido acogidos, marcharán bajo la bandera del COI y en caso de ganar medalla, también cantarán el himno olímpico; aunque también cuenta con su propio equipo multidisciplinario y sus propios entrenadores.

Junto con Mardini, Anis y Biel, el equipo de refugiados del 2016 consistirá en el maratonista etiope Yonas Kinde, que está viviendo en Luxemburgo; los corredores de Sudán del Sur James Nyang Chiengjiek, Anjelina Nadai Lohalith, Rose Nathike Lokonyen y Paulo Amotun Lokoro, que viven en Kenia; y los judocas Yolande Bukasa Mabika y Popole Misenga, que provienen de la República Democrática del Congo y están viviendo en Brasil.

Aunado a todo ello, los atletas refugiados están conscientes de que tras los Juegos Olímpicos habrá esperanza, pues el COI ha destacado que el apoyo no terminará tras Río 2016. Quizá, para algunos, dejar sus raíces ha sido su mejor opción.

cristina.sanchez@eleconomista.mx

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