Osmar Olvera disfrutó cada momento en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se tomó fotos en las esculturas, en el centro acuático y junto a su compañero, el veterano Rommel Pacheco. Su emoción en cada uno de estos momentos no se pudo ocultar en su rostro de niño de 17 años, aunque su rendimiento fue de total madurez: alcanzó las semifinales del trampolín individual de tres metros.

“Ese es Osmar, alguien que trata de divertirse, de disfrutar cada momento y ser feliz con lo que tiene y con lo que no. Busco la felicidad y disfruto la vida porque solo estamos aquí por un tiempo corto, no sabemos cuánto va a durar”, suelta a El Economista, como si se tratara de un hombre con décadas de existencia. Pero no, nació apenas el 5 de junio de 2004, mismo año en que Rommel hacía su debut olímpico en Atenas.

Osmar es un adolescente diferente. En Tokio 2020 fue el mexicano más joven de los más de 160 que conformaron la delegación gracias a que se ganó su plaza en el preselectivo de la Federación Mexicana de Natación (FMN). Con él no hubo polémica: ganó el primer lugar de la competencia interna con 493.75 puntos, superando al propio Rommel (485.70), a Diego López (467.80), Juan Celaya (441.75) y Yahel Castillo (434.40).

“Todos decían que este no era mi ciclo, que era para París 2024, y demostré que estaban equivocados, así que luchen por sus sueños.

“A Tokio voy a vivir una experiencia única, obviamente cualquier deportista sueña con una medalla, pero yo quiero dar una sorpresa, que los jueces me conozcan y que vean que soy el futuro de México, esa es mi meta”, le dijo a este diario unos días antes de su competencia olímpica.

El nacido en la Ciudad de México, pero representante de Nuevo León, no decepcionó en Tokio 2020, pues superó la primera fase en noveno lugar con 442.45 unidades, convirtiéndose en uno de los 18 clavadistas (de 29 en total) que logró su pase a las semifinales junto a su compañero Rommel y la entrenadora de ambos, la china Ma Jin. La participación de Olvera terminó allí, ya que concluyó en el puesto 14 y no pudo avanzar a la final.

Sin embargo, su futuro es promisorio. Empezó a nadar a los dos años, a los cuatro ya se aventaba clavados y a los 14 se convirtió en el representante más joven de Jalisco (en ese momento vivía y representaba a dicha entidad) en ganar seis oros en unas Olimpiadas Nacionales. El deporte y su familia han sido la base de su madurez y rápido crecimiento.

“El deporte ha influido bastante en mi casa y en mi vida, ya que mi mamá y mi papá son maestros de educación física, pero mi papá además es entrenador de futbol americano; mi tío es entrenador de natación y también maestro de educación física, mi abuela materna también es maestra de educación física y natación, entonces esto ha influido bastante en la filosofía que hay en mi familia: siempre me han ayudado y también siempre me han dicho que la escuela es lo más importante”.

Osmar ingresó a los clavados justo por una invitación de su tío, que le vio cualidades para esta disciplina. No obstante, entre sus ocho y nueve años, le pidió a su papá entrar al futbol americano; la razón por la que no se quedó en este deporte es porque en ese momento su categoría no utilizaba equipo completo y Osmar quería vestir toda la equipación, como sus ídolos de los Cincinnati Bengals.

“En ese ínter regresé a clavados, empecé a ganar y ya ese plan de volver al futbol americano nunca llegó ni llegará. La vida me llevó al lugar correcto con los clavados”, cuenta Osmar, aunque su hermana mayor sí se dedica al flag-football.

Pero su familia le ha dejado un legado todavía más grande en el que Osmar no distingue la edad: “Yo creo que todo está en la educación que te da la familia. No sé si soy Generación Z o qué, porque a mí mis papás me educaron como a ellos los educaron, todavía me tocaron nalgadas y ese tipo de cosas (risas). Me tocó una familia muy acompañada del deporte y eso me ayudó bastante a no desviarme en el relajo”.

De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en México el 20% de los jóvenes de 18 años está matriculados en alguna preparatoria y apenas el 17% en una carrera universitaria. Pero Osmar siempre ha tenido claro, con el apoyo de sus padres, que la escuela es algo paralelo al deporte.

“Mis padres siempre me han dicho que la escuela es primero porque esto algún día se va a acabar y de algo tengo que vivir, no siempre de los clavados, así que tengo que pensar bien lo que quiero estudiar, pero lo que sea que escoja, voy a dar el 100% para ser el mejor, así como en la fosa”.

Por ahora, Olvera Ibarra estudia la preparatoria en una modalidad en línea de la SEP, que espera concluir este año mediante un examen único. Después de eso, se tomará un mes para pensar en su licenciatura, que aún no tiene clara, aunque adelanta que podría ser relacionada a deportes.

Será hasta junio de 2022 cuando Osmar reciba su identificación como mayor de edad, pero antes de eso ya puede presumir el ser semifinalista olímpico y entrenar junto a referentes nacionales como el propio Rommel Pacheco o Paola Espinosa.

“He aprendido a ser muy observador, eso me ha ayudado mucho, a ver en general a todos mis compañeros (clavadistas) porque todos hacen algo mejor que tú, entonces tienes que aprender y observar. Con uno de los que más convivo es Yahir Ocampo, que me ha dado demasiados consejos, también Rommel, me llevo bien con todos y si veo que alguien está haciendo algo que se me complica me acerco para pedirle un consejo”.

Describe que no es un chico de videojuegos. Prefiere ver películas, jugar billar o futbolito en los escasos ratos libres que tiene, aunque su especialidad es enfocarse totalmente en todo lo que hace.

“Lo que quiero es motivar a la gente a que luche por sus sueños, cualquier cosa que te propongas, si luchas y haces todo lo que tengas que hacer, al final va a llegar; si no estás haciendo lo que tienes que hacer, no te puedes engañar, eso es lo que trato de enseñarles a los más chiquitos o a los de mi edad.

“A los jóvenes solo puedo decirles que en este año atípico no se desmotiven, busquen aprender cosas nuevas, que aprovechen ese tiempo libre que ahora hay y que cualquier cosa que hayan dejado a medias por la pandemia que no pierdan el ánimo y sigan buscando lograrla”.

fredi.figueroa@eleconomista.mx