Trabajadores destinan hasta 30% de su salario diario a comer fuera de casa
Los trabajadores destinan hasta 30% de su ingreso para comer fuera de casa, evidenció un estudio de la UNAM que advierte, una alimentación deficiente impacta la salud y la productividad laboral.

Los trabajadores gastan entre 150 y 200 pesos al día en la compra de café, tortas, tamales, tacos y refrescos en la calle.
La alimentación durante la jornada de trabajo ya no es sólo un asunto personal, ahora también es un indicador crítico de compensación, productividad y salud pública. De acuerdo con una investigación, los trabajadores destinan hasta 30% de su ingreso diario a la compra de alimentos preparados en la vía pública o en establecimientos informales.
De acuerdo con el estudio Prestaciones alimentarias: Una forma de mejorar la vida, elaborado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), los trabajadores gastan entre 150 y 200 pesos al día en la compra de café, tortas, tamales, tacos, comida corrida y refrescos.
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Estos datos llaman la atención cuando se contrastan con el monto del salario mínimo diario, el cual para 2026 es de 315.04 pesos (excepto por la Zona Libre de la frontera Norte donde llega a 440.87 pesos), lo que significa que una persona con ese ingreso está gastando más del 60% de sus recursos diarios en comida que, además, no es necesariamente nutritiva.
El estudio, que retoma datos de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), destaca que, en 2024 las familias mexicanas gastaron en promedio 3,896 pesos trimestrales, alrededor de 1,299 pesos al mes, en alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar.
La cifra se eleva significativamente en zonas de alta concentración de oficinas y centros industriales debido a la falta de infraestructura para preparar o almacenar comida propia, lo que representa un impacto especialmente relevante para los hogares con menores ingresos.
El estudio de la UNAM muestra que para la población que percibe entre uno y dos salarios mínimos, la compra de comida representa una presión sobre su presupuesto familiar, a lo cual se suma que 30.7% de la población se encuentra en situación de pobreza laboral, es decir, sus ingresos por trabajo no son suficientes para adquirir la canasta alimentaria básica.
Al respecto, el doctor Ricardo Alfredo Varela Juárez, responsable de la investigación, reconoce que las posibilidades de alimentarse durante la jornada laboral están relacionadas con el ingreso, el tiempo disponible y las condiciones del lugar de trabajo.
Impacto de una alimentación deficiente en el trabajo
Aunque el café, los tamales, las tortas y los tacos son las opciones más rápidas y económicas, “presenta alta variabilidad de higiene y elevado contenido calórico”, dice la investigación. Puntualiza que una nutrición deficiente en el trabajo trasciende la economía individual y genera pasivos financieros para las empresas y el sistema de salud.
El recurso recurrente a la comida ambulante responde a la inmediatez, pero conlleva riesgos epidemiológicos de infecciones gastrointestinales y el desarrollo de padecimientos crónico-degenerativos que se reflejan en una disminución de la productividad.
Al respecto, Arturo Rangel Bojorges, oficial mayor de la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), advirtió durante la presentación del estudio que el costo de las enfermedades prevenibles asociadas a la mala alimentación laboral alcanza los 40,000 millones de pesos en cuotas obrero-patronales.
“Hay casi 4 millones de diabéticos registrados ante el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social), que le cuestan 40,000 millones de pesos a las cuotas, y esto podría evitarse a través de dinámicas de alimentación y de un control adecuado de la nutrición”, mencionó.
Además, compartió que la mala nutrición deriva en un aumento directo de las bajas médicas, lo cual se traduce en ausentismo no programado que, por enfermedades generales, representa hasta el 2% del costo operativo de las empresas y hasta el 4% del costo total de las incapacidades administradas por la seguridad social.
En contraste, Arturo Graue, director de Recursos Humanos en KPMG, explicó que cuando una persona no se alimenta sanamente no rinde lo mismo. “¿Cómo vamos a ser más productivos cuando no tenemos una buena comida? En la calle tenemos un riesgo de enfermarnos que repercute primero en la persona, luego en su familia y luego en la empresa”, sostuvo.
Cuando las personas se habitúan a consumir alimentos en la calle, exponen su salud gastrointestinal y, ante la falta de nutrientes puede aumentar su fatiga física y mental, reduciendo sus niveles de concentración y rendimiento, afirma el estudio de la UNAM.
¿Es obligatorio dar servicio de comedor en el trabajo?
Si bien la Ley Federal del Trabajo (LFT) no impone una obligación general a los empleadores para proporcionar alimentos preparados o comedores a la totalidad de los trabajadores del sector privado, salvo excepciones, sí considera este servicio como un elemento que puede integrarse al salario o como una prestación extralegal deducible de impuestos.
En esa línea, los expertos recomiendan a las organizaciones comenzar a abordar el tema, retomando el objetivo de la Ley de Ayuda Alimentaria para los Trabajadores (LAAT), que busca incentivar la nutrición en las empresas mediante la instalación de comedores corporativos, la entrega de canastas de alimentos o vales de restaurante o comida.
El recurso funciona para el trabajador como una prestación de previsión social que incrementa el ingreso real disponible. La investigación ejemplifica que, un apoyo alimentario de 3,000 pesos mensuales sobre un sueldo de 20,000 pesos representa un aumento del 15% en la capacidad de consumo del empleado.
El gasto que los trabajadores destinan a comer fuera de casa y que puede representar hasta 30% de su ingreso diario, evidencia la importancia de las prestaciones alimentarias como una alternativa para reducir el impacto de estos desembolsos y cuidar la salud laboral en las organizaciones, refuerza el estudio.


