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Bistronomie

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¿Qué diferencia hay entre la leche y un producto lácteo? Guía para leer el envase y comprar mejor

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Leche y producto lácteo no son lo mismo: la diferencia está en la fórmula, la nutrición y el precio.

Diego López

En el anaquel del supermercado, la palabra leche comparte espacio con envases que dicen producto lácteo o bebida láctea. A simple vista parecen equivalentes, pero no lo son. La diferencia no es comercial ni anecdótica: responde a criterios técnicos, nutrimentales y económicos que influyen directamente en lo que el consumidor ingiere y en lo que paga.

La leche es un alimento de origen animal que se obtiene directamente de la glándula mamaria y que, tras procesos como la pasteurización, llega al consumidor sin alteraciones en su composición básica. Aporta proteína completa, calcio biodisponible y grasa láctea propia. Cuando un envase se vende como leche, debe cumplir con esa definición.

¿Qué es un producto lácteo y por qué existe?

Un producto lácteo parte de la leche, pero incorpora modificaciones intencionales en su fórmula. Puede incluir ajustes en el tipo o cantidad de grasa, fortificación con vitaminas y minerales, o cambios que lo hagan más ligero o funcional para ciertos usos. No es leche, y por eso no puede venderse como tal, aunque su origen siga siendo lácteo.

Desde la perspectiva nutricional, estas diferencias responden a decisiones técnicas. Como explica Maricarmen Mondragón, directora de Nutrición en Grupo Lala, la distinción es clara: “La leche es prácticamente directa: se obtiene, se pasteuriza y se envasa. En un producto lácteo hay modificaciones deliberadas en la composición para responder a objetivos concretos de nutrición, digestión o ligereza”.

Uno de los principales ajustes está en la grasa. En algunos productos lácteos se retira la grasa propia de la leche —una grasa saturada que se aprovecha para otros derivados— y se sustituye por una cantidad menor de aceites vegetales de buena calidad. Esto reduce el contenido total de grasa y modifica la forma en la que el producto se digiere. “Son productos que saben diferente, se digieren diferente y están fortificados de manera distinta. No es una sustitución oculta, es una formulación pensada”, apunta la especialista.

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Maricarmen Mondragón - Experta en Nutrición y Ciencia de los AlimentosCortesía

Nutrición, precio y decisión informada

En México, los productos lácteos que se encuentran en el mercado suelen contener como base leche o derivados lácteos, combinados con distintos grados de fortificación. Es común que incluyan calcio añadido, vitaminas A y D, vitaminas del grupo B, así como minerales como zinc o hierro, de acuerdo con los perfiles nutricionales que buscan atender. También pueden incorporar suero de leche, ajustes en el contenido graso y, en algunos casos, estabilizantes necesarios para mantener textura y vida de anaquel. Estas formulaciones responden tanto a hábitos de consumo como a brechas nutricionales identificadas en la población.

En términos generales, la leche mantiene su composición natural, mientras que los productos lácteos amplían el abanico con perfiles nutrimentales específicos. El factor económico también es determinante: suelen ser más accesibles porque su formulación permite optimizar costos. Para el consumidor, esto puede representar un ahorro real, siempre que tenga claro qué está comprando y para qué lo va a utilizar.

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Leche de vacaFreepik

En un contexto de presión sobre el gasto familiar y mayor atención a la nutrición, distinguir entre leche y producto lácteo se vuelve una herramienta de consumo informado. No se trata de elegir entre bueno o malo, sino de entender qué ofrece cada producto y para qué conviene usarlo.

Incluso la forma en la que hoy se nombran y se comunican estos productos no es casual. En México, la regulación en materia de etiquetado y denominación comercial obligó a las empresas a ser más claras con el consumidor respecto a qué es leche y qué es un producto lácteo. Las normas impiden que un producto con fórmula modificada se venda como “leche”, justamente para evitar confusión sobre su composición y su aporte nutrimental. Esta regulación marcó un punto de inflexión en el anaquel, donde el nombre del producto pasó a ser una herramienta clave de información para el consumidor.

Un ejemplo claro de ese ajuste regulatorio es el caso de Nutri, que durante años fue conocida como “Nutri Leche” y que, a partir de estas disposiciones, adoptó una denominación que refleja con mayor precisión su naturaleza como producto lácteo. El cambio no fue solo de nombre, sino de comunicación: dejar claro que se trata de una alternativa derivada de la leche, con una formulación específica y objetivos nutrimentales distintos. Este tipo de regulaciones busca que el consumidor tome decisiones informadas, entienda qué está comprando y elija con mayor conciencia entre leche y productos lácteos, sin ambigüedades en el etiquetado.

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